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El cielo está dentro del hombre
por Pedro Patzer*
 

Sobre ciudades ricas o pobres, sobre maternidades y cementerios, sobre castillos y ruinas, el cielo.

El hombre siempre ha intentado llegar al cielo, el hombre siempre ha querido ser el cielo; tal vez porque el cielo media entre el hombre y el pájaro, quizás porque el cielo, es el etcétera entre el hombre y Dios.

La Biblia, en el Génesis, cuenta que la torre de Babel fue un intento de unos hombres desesperados por llegar al cielo. Dice el Libro del pueblo de Dios, que el Todopoderoso castigó esta idea, haciendo que estos buscadores del cielo, que por entonces, hablaban todos, el mismo idioma, hablasen cada uno, uno distinto. Así, estos pretendientes del cielo, se dispersaron entre distintos lugares, donde sus idiomas fueran comprendidos. Tal vez, intentar alcanzar el cielo, suponga perder un idioma. O quizás hallar el gran idioma. Todo buscador del cielo, es un hombre que ha tenido que resignar un idioma, para comenzar a ser otro. Posiblemente, no se pueda rozar lo sublime para luego regresar a representar la misma comedia del resignado, para interpretar el mismo papel del tipo que no cree estar por última vez en todos lados.

El cielo es la gran metáfora del destino humano, el retrato exacto del sino de cada hombre; la euforia del vivir, imposible de alcanzar, pero a la vista; el cielo es el espejo de nuestra mortalidad, es la edad de nuestro lirismo, la aventura del más allá, que tenemos los condenados al más acá; la nave divina que los capitanes de abajo, soñamos pilotear. El cielo se nos parece, él a veces llora horizontes, y otras ríe ocasos, porque el cielo maneja la ironía como nadie y sabe estar sobre quien pierde el juicio declarando la guerra, y sobre el juez de paz; y sobre la casa de la ramera y sobre la ermita del asceta, el cielo; y sobre los inundados y los devastados por la sequía; el cielo. Y sobre los puentes oxidados y sobre las esculturas, el cielo; y sobre las prisiones y sobre los teatros; el cielo; y sobre las horcas y los árboles, el cielo; y sobre el patio de la escuela y sobre el pelotón de fusilamiento, el cielo; y sobre el abrazo de los amantes y sobre las trompadas de los enemigos, el cielo; y sobre los casinos y los monasterios, el cielo; y sobre los mataderos y los hospitales, el cielo; y sobre el cine y el pabellón psiquiátrico, el cielo.

Los hombres se dividen entre los que sospechan que el cielo es su propia alma, y los que creen que el cielo es el viejo toldo del mundo: “Búscalo al cielo en ti mismo/ Que allí lo vas a encontrar/ Pero no es fácil hallarlo/ Pues hay mucho que luchar”  Yupanqui, en El cielo está dentro de mí


 

 
 
 

 

Panes y Cielos 2011