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Río Atuel: Río Robado, Río de la Sed
por Pedro Patzer*
 

"Cuando cortan el Atuel/ queda sin agua el Salado/ llenos de arena los ojos
va lagrimeando el pampeano" – escribió Manuel J. Castilla
Su nombre se parece a su destino, ya que Atuel, significa: “lamento” ¿Qué cosas lamentará este río nacido en Mendoza, este andariego de agua y sequía, que arrastra sólo penas hasta La Pampa? ¿Qué vejez de desierto, qué lamento que los poetas consiguen traducir?:"Así, desierta la tierra, / sola se nos va quedando; / los vientos por las jarillas/ sobre la sal van llorando"
El río Atuel, nace en las alturas de las cordillera de los Andes, conoce los cuadernos de la nieve y el huraño lunfardo de las piedras; río que es la tumba del cóndor y el nido de la leyenda, tal vez por eso los diques nunca pudieron contener su canto indígena, su destino de milonga, su necesidad de crecer hacia el amarillo de La Pampa, de crecer hacia aquel patio planetario, donde sus hijos le ofrecen sus plegarias de sed
Río Atuel, tu embrión de volcán hace rugir soledades ancestrales, tu ausencia a la cita de llanura, provoca desiertos en los que esperan; Atuel nacido en el vientre de la cordillera, hay quien te confunde con el esperma del continente, hay quién te cree la lágrima pérdida de la tragedia pampeana: “Río, nostálgico, río, /cerraron tu garganta/ te dejaron en agonía,/ poco a poco te secaron” - escribió la poeta Nilda Klundt, pues en la provincia de La Pampa, el Atuel, es el río de la sed, el río robado, la limosna de agua que al mendigo desierto le ofrece Mendoza, provincia que al desarrollar el riego artificial (casi desde principios de siglo XX) fue cortando el chorro, el fluir natural del Atuel. Esto produjo en La Pampa, un millón de hectáreas desertificadas
¿Qué habrá sido de aquel cartero de Algarrobo del Águila, que cruzaba en balsa el Atuel? ¿Cómo habrá sido ese día en que le robaron el río, habrá confundido al cielo con el Atuel, habrá pensado que el río jugaba a las escondidas, que el horizonte le hacía una broma, o tal vez que las bardas habían hecho una revolución tal que hubo derrocado al gobierno arenoso del Atuel?
Estirpes de pampeanos, vivieron, sabiéndose parte del linaje de la sed, inmóviles ante el fantasma del río Atuel, resistieron, aprendieron el milagro de los jagüeles, acudieron a los secretos ríos subterráneos, le rezaron al Cristo de los sedientos, a la virgen de la sequía, al santo pagano de las gargantas secas
“¡Saladito, Saladito! astillas de mi caldén; el que siembra en las arenas, se va muriendo de sed…” La desesperación convierte la copla en plegaria, la canción deja de cantarse y comienza a masticarse, como si se le intentara extraer agua, ya que el centro-oeste pampeano se fue secando, mientras Mendoza prosperaba.
Al no llegar más el Atuel, la vida comenzó a exiliarse, el éxodo del verde y los animales iniciaron los rituales de soledades, el desierto comenzó a crecer, el pan del hambre se multiplicó, la copa de sed se hizo de todos, el amarillo le fue ganando al paisaje, la sal se hizo protagonista del fantasma del río, los bañados se dieron a la fuga, los puesteros fueron vencidos por la sequía
En 1973, a causa de una crecida excepcional, regresó el Atuel... reapareció el río robado. Traía consigo la edad de los sedientos, el antiguo ropaje de lo que hasta entonces había sido desierto, el Atuel había regresado con ganas de dibujar otras líneas, traía consigo caprichos de otros cauces, como pájaro que una vez liberado de la jaula, pretende emborracharse de cielos, así, reapareció el río, buscando, matreramente, su destino. Sin embargo, fue sólo una visita, como si este río hubiese tenido la insolencia de ser un mero turista en el paisaje herido de un pueblo.
Un día el Atuel regresará definitivamente a La Pampa, y el cancionero de la sed callará sus viejos himnos, y el verde volverá con sus criaturas, y la vida de nuevo acudirá a la cita que hace más de medio siglo tiene pendiente, allí, en el oeste del amarillo, en los futuros jardines de lo que hasta hoy es desierto


 
 
 

 

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