Hablamos mucho de ríos provincianos, ríos que son protagonistas de nuestro cancionero popular. ¿Cuántas canciones inspiradas en el Río Uruguay? (“El Uruguay no es un río, es un cielo azul que viaja” (Río de los Pájaros, Anibal Sampayo) ¿Cuántas dedicadas al río Paraná? (“Mojan las guitarras tu corazón/ que por los trigales ondulará/ traen desde el Norte frutal la zamba y a tus orillas la dejarán”, Paraná en una zamba, Ariel Ramírez y Jaime Dávalos) ¿Cuántas al río Salado? (“Esta chacarera es triste/ ha nacido en el Salado/ redomona y criolla al aire y al sol/ mi guitarra la ha domado” CHACARERA DEL CACHI MAYO, Los Hermanos Ábalos)
La pregunta es la siguiente: ¿Por qué nadie le canta al río Matanza, por qué todos callan al riachuelo?
Como existe un cancionero popular, es justo decir que también existe un silencio popular, un silencio que hacemos entre todos, algo que callamos colectivamente. Le cantamos a las cosas bellas, también a nuestros dramas, sin embargo pareciera que determinadas cosas son tan cercanas que se hacen invisibles a nuestro canto. Por eso, es necesario reflexionar acerca del río Matanza, porque seguramente en Chernobyl un poeta está urdiendo poemas de la radiación, y en Japón un pintor retratando oleos del Tsunami (como pasó en Guernica, luego del bombardeo, Picasso inmortalizó aquel dolor en una obra sublime)
El hombre sabio alcanza la otra belleza, porque como el prehistórico pintando al feroz bisonte en la caverna, el hombre moderno (o posmoderno, o posposmoderno) sabe que la otra belleza, hija también del desasosiego y la tragedia, le permite resistir ante la soledad crónica de los hechos
Mi amigo, el periodista Fernando Piana, que pasó su adolescencia en Villa Soldati, cerca del riachuelo, me dijo (más que decirme me impuso) que para él era imposible hablar de la belleza del río Matanza, porque para él, es el río de la muerte. Sin embargo, el poeta matancero, Carlos Kuraiem contradijo a Piana, recitando poemas acerca del río podrido.
¿Qué es la Belleza? Me pregunté ante estas discusiones. La Belleza es el ser humano resistiendo ante la fealdad del mundo, me dije. Por eso hay que escribir sobre el río Matanza, por eso hay que cantarle al río Matanza. Porque el silencio de la indiferencia es el paso anterior al ruido del olvido.
Un río llamado Matanza está condenado a vivir agónicamente. El río Matanza no es dulce, ni salado, este río es del petroleo, de la última sangre Querandí, de la primera saliva de los que han sido definitivamente callados. Río Matanza, rocío del conurbano, alguna vez tu nombre fue el canto del querandí pero luego su eterno silencio, porque en tus orillas fueron asesinados por los españoles, de allí, que andariego de la fatalidad, alcanzara este nombre sombrío, aunque otra tesis sostiene que el nombre hace referencia a la matanza de españoles ocurrida en 1536 .
Río Matanza, sobre vos el cielo se anima al lunfardo de lo perdido, y el yuyo, en tus orillas, da clases de arrabal. Porque vos sos el río de los arrabales de la vida, el río donde la herida es más grande que la vida.
La vida de un río llamado Matanza, que sólo tiene 64 km de extensión pero posee cientos de planetas donde habita el desasosiego.
Sorbo de los humillados, río Matanza; trago de los derrotados, río Matanza.
Río Matanza, burdel eterno del náufrago, capilla escondida del santo de los ahogados
Río Matanza, el óxido del mundo ensaya su insomnio en vos, y tu rocío del desesperado y tu fiebre de viejos barcos de inmigrantes; navíos muertos, barcas espectrales
Río Matanza: ¿cuántos puentes envejecen su indiferencia sobre vos, su edad de unir dos orillas, que jamás se preguntán qué universos separan?
Río Matanza, a veces el sol se suicida en tu lecho, a veces la luna hace patito en tu oleaje sombrío. A veces islas de basurales, camalotes de selvas de plástico, lloran al Robinson descamisado, al Robinson descalzo, al Robinson cartonero.
Río matanza tus peces de chatarra, tus pescadores de lo irremediable, tus sirenas mudas, tu cine continuado de tragedias.
Río Matanza, Venecia del pobrerío, sudor de ciudad
Río Matanza, acequia del desaosiego.
Río Matanza, andrajos de humanidad, harapos de agua, limosna del mundo que pudimos haber sido.