“El Uruguay no es un río, es un cielo azul que viaja” – escribió el poeta uruguayo Aníbal Sampayo
¿Habrá contemplado el hombre de la edad de una estrella, cómo se iniciaba la ancestral marcha del río Uruguay? ¿Habrá escuchado su llanto de bebé de selva, le habrá asombrado sus primeros juguetes de camalotes, sus saltos de niño suicida, su balbuceo de profeta de agua?
Dicen que el río Uruguay delata la milenaria marcha de los descalzos, la vieja monarquía de la jangada, el amarillo evangelio del lapacho, la arbitraria frontera de las aguas: ¿de qué país es la sed, de qué nación es el sorbo, de qué comarca es este rocío andariego en forma de río?
Raya azul que en los mapas se ríe de las fronteras, cancionero de barro, himno de mariscada, campanario de biguases y dorados, el Uruguay pertenece al elenco estable de la cuenca del Plata y al estuario nostálgico del Río de la Plata, aunque su niñez acontece en Brasil (algo de África hay en su canto, algo del color del esclavo que sueña con su libertad, algo del tambor que intenta recobrar el latido del mundo que perdimos) aunque su eternidad tiene la edad de la chamarrita, la infinita juventud del chamamé, la ancestral partitura de los pájaros
Pese a que Magallanes lo bautizara como San Cristóbal, el tiempo y la historia hicieron justicia, y persistió su nombre natural, aquel que susurran las aguas, aquel que entonan las plegarias de selva: “Uruguay, misionero y trepador por el moconá se va tu canto de amor” (Ramón Ayala, poeta de la selva y el río)
Dicen que el río de los pájaros imita la voz del poeta entrerriano Juan L. Ortiz:
“De pronto sentí el río en mí, / corría en mí/ con sus orillas trémulas de señas, /con sus hondos reflejos apenas estrellados. / Corría el río en mí con sus ramajes. / Era yo un río en el anochecer, / y suspiraban en mí los árboles, / y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. / Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”
¿Cuántas lavanderas han sumergido las banderas (de los países que sólo existen en las orillas o en las comarcas profundas donde residen los ahogados o en las islas desesperadas donde la sed hace imperios) en las misteriosas aguas del río Uruguay?
¿Cuántas barcas han intentado conquistar el tesoro de su horizonte, cuántos amores de las costas hundidos en su barroso destino?
“Los amores de la costa/ son amores sin destino/ camalotes de esperanzas/que se va llevando el río”
|