Sarmiento fue un hombre que amó la vida en tiempos de muerte, un apasionado que dejó que la tempestad de su entusiasmo lo hiciera naufragar varias veces. Domingo Faustino escribió textos que cambiaron la historia de nuestra palabra, como Facundo, aunque también garabateó otros que la degradaron, como la carta en la que llegó a aconsejarle a Mitre que “no economizara sangre de gaucho”, para años después, paradójicamente. autoproclamarse “el presidente de los gauchos”
Su figura de estadista hoy se discute: están los que lo ven como un héroe escolar, como un prócer del bronce y quienes lo consideran un extranjerizante. Muchos lo llaman el padre de la educación argentina, mientras que otros, como Arturo Jauretche, consideran a Sarmiento autor de la zoncera madre de todas las zonceras: “Civilización y Barbarie”
Sus contradictorias miradas de lo argentino, palabra que él mismo se encargó de señalar como anagrama de ignorante (ignorando que su apellido es una anagrama de la palabra mentirosa) lo colocaron en el centro del revisionismo histórico. Es decir, a Sarmiento se lo recuerda cómo vivió: entre odios y amores.
Facundo es un libro que Sarmiento hizo con amor a sus odios. Domingo Faustino en esta obra se vuelve como un personaje shakesperiano, un Hamlet sanjuanino, dialogando con el fantasma de Facundo Quiroga; “Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte” – comienza Sarmiento, admitiendo el peso de la sombra de un hombre, que parece hacerse más fuerte en cada recuerdo de un descalzo, en cada añoranza de pago chico. Sarmiento escribe este libro sobre Quiroga, porque sabe que es una contienda entre inmortales, una discusión más allá del tiempo de los mortales, porque el autor de Recuerdos de Provincia, lucha contra alguien mucho más poderoso que el caudillo riojano, Pelea contra el fantasma eterno de un héroe popular: “Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas”
Facundo, una obra escrita entre degollados y fusilados, entre muertos que viven en cantares populares, y vivos que agonizan entre el silencio del pueblo, entre hombres cultos soñando con Europa y hombres de provincia soñando con América.
Muy pocos libros argentinos, retratan al gaucho y su universo como esta obra. Sus descripciones del rastreador:“...el más extraordinario, es el rastreador. En llanuras tan dilatadas, en donde las sendas y caminos se cruzan en todas direcciones, y los campos en que pacen o transitan las bestias son abiertos, es preciso saber seguir las huellas de un animal, y distinguirlas de entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío: ésta es una ciencia casera y popular”
Su retrato del baqueano: “El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña...si un pasajero le pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta leguas, el baqueano se para un momento, reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a galopar con la rectitud de una flecha, hasta que cambia de rumbo por motivos que sólo él sabe, y, galopando día y noche, llega al lugar designado”
Su pintura del gaucho cantor: “El cantor anda de pago en pago, «de tapera en galpón», cantando sus héroes de la pampa, perseguidos por la justicia, los llantos de la viuda a quien los indios robaron sus hijos en un malón reciente, la derrota y la muerte del valiente Rauch, la catástrofe de Facundo Quiroga y la suerte que cupo a Santos Pérez.El cantor está haciendo, candorosamente, el mismo trabajo de crónica, costumbres, historia, biografía que el bardo de la Edad Media, y sus versos serían recogidos más tarde como los documentos y datos en que habría de apoyarse el historiador futuro, si a su lado no estuviese otra sociedad culta, con superior inteligencia de los acontecimientos, que la que el infeliz despliega en sus rapsodias ingenuas”
Estas definiciones no se consiguen en ninguna enciclopedia de folklore. Su desdén al gaucho malo y al jefe de campaña (a este último lo compara con los piratas europeos, ya que sostiene que en nuestro mar de tierra, las carretas reemplazan a los galeones de los filibusteros)
Leopoldo Lugones, escribió: “nadie ha dicho peores cosas de los argentinos que Sarmiento, sin embargo, nadie ha hecho tanto por ellos como él” Si bien el escritor sanjuanino ve en el gaucho el origen del bárbaro, del caudillo de la montonera, no deja de conmoverse ante la belleza que el universo de este hijo de la llanura posee.
Si habrá sido genial el Facundo, que obligó a que José Hernández escribiera la obra suprema de la Literatura argentina: Martín Fierro. Dicen que Sarmiento escribió Facundo en contra de Rosas, y que Hernández hizo el poema nacional en contra del escritor sanjuanino y su Facundo.
Qué pena que Borges no haya escrito un libro llamado Juan Domingo, porque seguramente hubiera sido replicado por otro poeta, que, quizás, hubiera compuesto un libro con un nombre, que hoy pronunciaríamos muchos de los que gozamos de la Belleza de las contiendas entre inmortales.
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