“Lenta como el paso de la mula carguera, y honda como los precipicios” - escribió de la vidala, el poeta tucumano Rafael Jijena Sánchez
La vidala es canto mineral, melodía de selva, estrépito de valles y montañas, pero ante todo movimiento musical del alma humana.
La vidala es el registro sonoro de la tristeza ancestral, la primera sinfonía del silencio de una raza acompañada por la caja, la traductora del indígena corazón de la vidala (o quizás del astro o la estrella del cielo autóctono de la América anterior a su nombre)
“Si la vidala se muere/ que voy a hacer con mi caja/ se ha de cortar la chirlera
y el parche se hará mortaja” (El llanto de las vidalas, Horacio Guarany)
Hay quien dice que la vidala es el corazón del carnaval, otros aseguran que es la carne musical del que habita el espíritu de la tierra; los más religiosos agregan que la vidala es súplica, plegaria humana, danza secreta de los corazones inmóviles (corazones que jamás partirían de la comarca del silencio)
“La vidala tiene sabor litúrgico, épica de reminiscencia de la clarines y cierto son funeral” (La Vidala, Rafael Jijena Sánchez)
Vidala, atardecer sonoro del alma del pueblo, pan que alivia el otro hambre (el que ignoran las multitudes nutridas por los ¿alimentos? de la civilización) agua de la sed que muy pocos padecen (pero quienes la resisten despiertan la memoria de los ríos perdidos) calavera musical de los Hamlet de provincia.
"La vidala es la conmoción, el reventón de la soledad que se hace canto” - aseguró Rolando “Chivo” Valladares
Vidala, misa pagana, opera del pobrerío, cielo musical de los caídos, río humano que acude ante la ancestral sequía (de la existencia), fiebre sinfónica del espíritu, eco de la noche interior, himno de la intemperie
“Pasa el viento norte por los poleares/ y en la misteriosa maraña espinosa/ todo los aromas transforma en cantares” (Paisaje de la vidala, Atahualpa Yupanqui)
Vidala, rezo cantado, extremaunción de los que morirán dos veces:
cuando la garganta ya no pueda hospedar una vidala
cuando el corazón deje de latir
«Cuando muere un santiagueño/ nadie lo llorá,/ le cantan una vidala
se va a la gloriá» (Coplas de Julio Argentino Jerez)
Melodía de los siglos escondidos en los montes, coplas anónimas (coplas de zupay y Dios y de los hombres sin nombres, tal vez llamados como su paisaje o como el otro misterio que pueblan) fatal música de la existencia, primer aullido de esa bestia que el hombre carga en su alma, desde que nace hasta que muere
“Refugio y respiro para el soledoso sentir de los hombres de las montañas y los valles del norte, la vidala es naturalmente triste, como nacida en el linde de la eternidad y el tiempo, de una sangre que se agota y un alma que se va” (La Vidala, Rafael Jijena Sánchez)
Vidala, la vida!: ¿Cuántas vidalas nos acompañan en nuestra soledad humana? ¿Cuántos de nuestros silencios, nombran las vidalas? ¿Cabe nuestra vida en una vidala? ¿cómo se vive en vidala, cómo se muere en ella?
“La vidala que se canta/ no es vidala si no llora/ El canto se queda adentro/ y sale el llanto a la boca “ (copla anónima)
La vidala es el misterio hecho canto, el movimiento de Dios en la garganta humana, el colapso del silencio ante el mortal alarido del vivir
“Y llegan los hombres, obreros, paisanos,
hijos de las selvas y los arenales.
Limpios corazones y callosas manos
y aprenden la copla que dejara el viento
con melancolías de viejos amores,
panal de dolores, miel de sufrimientos.
Y hacen esperanza de la antigua pena
y cantan la dulce y agreste vidala”
Paisaje de la vidala, Atahualpa Yupanqui
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