Los nativos de la noche
Por Pedro Patzer
“De día el niño pordiosero nos pide una limosna: de noche nos cuestiona el alma. El día encanallece a la prostituta, la noche la reviste de la dignidad de una sacerdotisa de algún culto muy antiguo y muy misterioso. El coito y el crimen, de día, son terribles violencias físicas, de noche son ritos secretos” – escribió Marco Denevi.
La noche es el día del revés del espejo, el momento en el que el teatro del misterio abre sus puertas, el instante en el que se corren los velos y la vida aparece desnuda, sin el ropaje de las jerarquías: de noche el millonario comprueba su mortal pobreza ante lo implacable del abismo; el guardiacárceles recibe el mismo desprecio de la luna que el hombre que está encerrado en la celda; al patrón lo acechan los mismos fantasmas que al peón.
Muchos poetas han asociado la noche con la vejez, Almafuerte escribió : “Como ruedan las noches de invierno/ prematuras y torvas y tardas/ sobre cada primor de las yemas/ poniendo colgajos de cruda escarcha” Otros, como Pedro Miguel Obligado, han hecho de ella una peregrina incansable: “La noche va por el río, con su velamen de cielo/ como un barco que buscase/ la serenidad de un puerto/ Quizá, llega fatigada/ de andar por el firmamento/ de verse, a solas, perdida/ en el espacio sin término/ y quiere anclar con sus astros/ como un áncora de ensueños” El genial Jorge Luis Borges, la ha comparado con la ceguera: “Nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/me dio a la vez los libros y la noche” Atahualpa Yupanqui denuncia que las noches en el campo son los residuos del trabajo diurno: “¡Y en la noche de los campos/ como un adiós en el silencio/ donde antes hubo cañas/ queda la mal hoja ardiendo…!”
¿Quiénes son entonces los dueños de la noche? ¿Acaso, los que simulan ser los dueños del día, y siempre dejan el espíritu para mañana? ¿aquellos que se ufanan de vivir, mientras son apenas el mortal juguete que se disputan la aurora y el poniente? Los dueños de la noche, no se pasean con su escritura de estrellas, ni con sus billetes de madrugadas, ellos, van de un astro a un beso, de una doncella al misterioso río del vino, del crimen al milagro, de los arrabales del corazón al fondo de la vida
“Hay que distinguir entre los nativos y los turistas de la noche: los turistas de la noche ingresan en la noche sin quitarse de encima sus profesiones diurnas, su ropa diurna, su lenguaje diurno, en fin, qué son y cómo son durante el día. Son intrusos, extranjeros en la noche muy capaces de seguir hablando de hipotecas, de enfermedades y de intereses bancarios: No se han ido a dormir que es su ocupación favorita (preparándose, así, para continuar al día siguiente con las hipotecas y los intereses bancarios)” - agrega Marco Denevi
Los verdugos le temen a lo que hace la noche con la verdad: le pone idioma a los silenciados, rostros a los olvidados, canciones a los desesperados, vino a las heridas, mapas a la nausea. Porque en la noche las almas se hacen nidos de los otros pájaros y los hombres que simulan seguir siendo lo que durante el día (aunque en el fondo de su angustia saben que no hay remedio para un desterrado de la noche y que están condenados a soñar parecido a la vida chiquita que defienden en las horas criminales) no pueden con las misteriosas aves y no tienen más que resignarse y dejarse caer hacia arriba.
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