Los Vencidos
por Pedro Patzer*
“Quién le pone precio al cielo, cielo del hombre vencido” - canta José Larralde
Los vencidos hacen nidos en las heridas del mundo, son jinetes de los caballos salvajes que la Historia siempre intenta domar, soldados de la luna (que se presenta desnuda ante los pabellones y los cuarteles), hijos de los jazmines sin navidades, patriotas del país de mapas amarillos y próceres que bostezan en museos; los vencidos tienen destino de guitarra y silencio de fusil, el sauce los retrata en cada uno de sus vientos, el Paraná les entrega trofeos de barro (cada vez que uno de sus ahogados se aprende la vieja canción que va hacia el mar)
El oro de los vencidos es su Libertad interior, pues miran a lo que queda del mundo, con el desdén que jamás tendrá el rico, o el funcionario (o el empleado de ambos).
En el corazón del vencido comienza el otro mundo posible, pues él sabe bien quienes son los verdugos, y quienes los alquimistas.
El río del vencido está poblado de peces dorados, sólo le hace falta aprender la antigua oración del pescador; la noche del vencido está colmada de soles clandestinos (soles de vino, soles de revolución, soles de la aurora urgente y necesaria); el lodo del vencido tiene porvenir de cerámica, mañanas de cantos alfareros; el silencio del vencido es la sinfonía de la espera, la baguala de lo que vendrá, el suburbio de la copla, el prólogo del alarido.
Los vencidos hacen caminar al arte: del matrero Martín Fierro al payador perseguido; de la herencia pa un hijo gaucho a la dulzura quichua del montaraz.
El vencido tiene un himno secreto, un manifiesto que jamás lo abandona, un poema que urdiera Almafuerte:
No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
El vencido tiene como religión al camino, su zamba siempre es impaciente, su mirada posee las esquirlas del ayer. No sabe que es dueño de la incertidumbre, aunque quema el tabaco de los días mientras la limosna del cielo, lo hace mendigo del horizonte. ¿Acaso don Quijote, caballero de la victoria del espíritu humano, no ha sido también un vencido?
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
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