Si bien la América hispana ya había tenido su primer movimiento poético: el modernismo, y sus altos representantes: Rubén Darío, José Martí, Leopoldo Lugones, etc. Fue Pablo Neruda, quien verdaderamente le puso a la palabra el color de este continente, le puso a la palabra selvas y ríos americanos, palabras que comenzaron a padecer las heridas de nuestros muertos y las resurrecciones de nuestros profetas.
Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fueron las cordilleras, en cuya onda raida
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El siglo XX tenía cuatro años, julio, doce días, cuando en la chilena Parral nacía Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, años más tarde conocido como Pablo Neruda. ¿Qué es lo que hace que un hombre se cambié el nombre, qué es lo que hace que un poeta elija llamarse como su poesía?
En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.
El padre de Neruda, ferroviario de Temuco, no podía tolerar que su hijo fuera poeta. Empujado por esto, Pablo comprendió que su poesía venía a cambiarle el nombre a las cosas, y que él era un nombrador que debía dejar atrás su nombre, e ir un busca de su verdadera identidad: la de guarniciones y doncellas, la de luto de viudo furioso por cada día de vida, la que exige lo profético y el canto desesperado
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Pablo de los veinte poemas de amor y del Canto General; Neruda de los crepuscularios y el que denuncia a los carniceros de la Historia; Pablo de la luz y la sombra del mundo, Neruda del hambre y de los manjares. Pablo de los olvidados, Neruda de los descalzos; Pablo de los ríos escondidos del idioma, Neruda de los analfabetos y de los académicos, Pablo de los pescadores y de los revolucionarios, Neruda de los caracoles y de los fusiles de metáforas
Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!
“Como una ola hecha de todas las olas” así consideraba Neruda a su poesía, un espacio donde los mineros de Copiapó, eran todos los mineros; donde la tristeza de los trenes de Temuco eran todas las tristezas ferroviarias; donde el lamento del volcán patagónico eran todos los llantos de los volcanes del planeta: "Mi alma es un carrousel vacío en el crepúsculo"
Pablo de los grandes salones y de los calabozos, Neruda del Bío Bío y del Amazonas, Pablo de la selva y de la cordillera; Neruda del cóndor y del colibrí
tengo la misma sed ausente y la misma fiebre fría
un oído que nace, una angustia indirecta,
como si llegaran ladrones o fantasmas,
y en una cáscara de extensión fija y profunda,
como un camarero humillado, como una campana un poco
ronca,
como un espejo viejo, como un olor de casa sola
en la que los huéspedes entran de noche perdidamente ebrios,
y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia de flores
“no sólo de estrellas vive el hombre” dijo Neruda, cuando decidió emprender un nuevo camino poético, el sendero del compromiso, la huella del hombre que lucha por la libertad del hombre.
Neruda de Allende y de la guerra civil española, Pablo de la barcarola y de los marineros de tierra firme, Neruda de la herida del mundo y del colibrí del verbo, Pablo de las alturas de Macchu Piccu y de los bajos cantos de los mineros
LA sombra que indagué ya no me pertenece.
Yo tengo la alegría duradera del mástil,
la herencia de los bosques, el viento del camino
y un día decidido bajo la luz terrestre.
Neruda poeta de poetas, agricultor de la palabra popular, en tu verbo la rosa y la espada, en tu silencio el idioma de los pueblos: "Para escribir también me hicieron falta las goteras. Las goteras son el piano de mi infancia. Mi padre siempre hablaba de comprar un piano... en los momentos que le dejaba libre su vida de movilidad perpetua, porque era conductor de trenes, llegaba hasta medir las puertas por donde iba a pasar aquel piano que nunca llegó. Pero el gran piano de las goteras duraba todo el invierno. A la primera lluvia se descubrían nuevas goteras de voz dulce que acompañaban a las viejas goteras. Mi madre repartía sus cacharros, lavatorios, jarros lecheros y otros artefactos. Cada uno daba un sonido distinto, a cada uno le llegaba del cielo tempestuoso un mensaje diferente y yo distinguía el sonido claro de un lavatorio de fierro enlozado del opaco y amargo de un balde abollado. Esa es casi toda la música, el piano de mi infancia, y sus notas, digamos, sus goteras, me han acompañado donde me ha tocado vivir, cayendo sobre mi corazón y sobre mi poesía".
Pablo de los fugitivos, Neruda de los que regresan; Pablo de los ausentes, Neruda de los que siempre están; Pablo de las estrellas, Neruda del pan; Pablo de los siglos, Neruda de las horas del maestranza
Neruda nos enseñó a conquistar lo cotidiano, a rescatar la flor de la simpleza, la elegancia de lo sencillo, así fue que urdió las Odas Elementales: Oda a la cebolla, oda al tomate, oda al vino, oda al alcachofa, Oda al cobre, Oda a la flor, oda a la manzana y tantas odas elementales que celebran la más simples cosas que hacen grande la existencia: “Éste es un libro de alabanza a los milagros de la vida. La oda es siempre un canto. Y este tejido elemental de palabras es como un coro que entona una epifanía. La epifanía de nuestro encuentro con el milagro siempre renovado del universo cotidiano” advirtió el escritor nicaragüense Sergio Ramírez
Pablo de los exiliados, Neruda de los inmigrantes; Pablo de los olvidados, Neruda de los que nunca olvidan.
Pablo Neruda nos enseñó a tomar el verbo por asalto, a recuperar la palabra del paraíso perdido, a conquistar el otro idioma (el otro pan) que el pueblo amasa en su alma
y entonces
también la vida
tendrá forma de pan,
será simple y profunda,
innumerable y pura.
Todos los seres
tendrán derecho
a la tierra y a la vida,
y así será el pan de mañana,
el pan de cada boca,
sagrado,
consagrado,
porque será el producto
de la más larga y dura
lucha humana.
No tiene alas
la victoria terrestre:
tiene pan en sus hombros,
y vuela valerosa
liberando la tierra
como una panadera
conducida en el viento
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