Santos Vega y el destino del artista.
Pedro Patzer*
La derrota de un payador ha marcado la victoria de la leyenda en nuestra cultura popular: Santos Vega ha sido derrotado por el diablo y paradójicamente se ha ganado un lugar en la décima eterna.
¿Ser vencido por el Zupay es una derrota, o una circunstancia natural de un artista, de un tipo que media entre el combate de los hombres y los dioses?
Que Vega haya sido vencido por el diablo, no hace más que confirmar que el juglar, había alcanzado la cima de la vida en la guitarra, el latir más alto del corazón humano, en el canto. Tal vez, la “derrota” de Santos Vega, tenga algo que ver con Leonardo Da Vinci, negándose a entregar la Mona Lisa a quien la encargó (el esposo de la siempre sonriente Gioconda) o con Atahualpa Yupanqui muriendo en París (que don Ata haya muerto en Francia, es otra jugada sagrada del diablo, una manera de decir: “este tipo era del mundo, de las pampas planetarias, de los ríos secretos de la música universal”) Se parece la derrota de Santos Vega a la muerte del escritor Roberto Arlt (El autor del Juguete Rabioso era tan grande, que al morir, tuvieron que sacarlo por la ventana) o a lo que suele contar Omar Moreno Palacios, acerca de un cantor surero: “apenas enterado de la muerte de su esposa, anunció: le cortaré las cuerdas a mi guitarra, la milonga se ha ido para siempre”
Juan L. Ortiz, poeta entrerriano, pareciera reflexionar sobre la natural contienda entre el artista y el diablo: “Yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra, y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto” Santos Vega, se arrojó a la décima imposible, diabólica, llena de muerte, porque estaba atiborrada de vida. Puede que la verdadera “Herencia pa´ un hijo gaucho” sea la derrota de este payador, porque perder con el diablo, es una advertencia, un llamado a no indagar demasiado en el repertorio del misterio, en el corazón de los otros cielitos, de las otras vidalas. En realidad la mayoría de la gente jamás ha sido derrotada por el diablo (porque nunca se ha enfrentado al último límite de su existencia) por eso es que confunde la gran palabra del poeta, con la letra chica del escribano. Es justo ahí donde el artista, se le atreve a “Juan sin ropa” (el diablo) que es como probarse los más hermosos trajes de la vida, sabiendo que de todas formas, moriremos desnudos.
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