El calor crecía en Laborde y también la emoción. La Pampa obtuvo por dos años consecutivos el título más preciado. En 2011 Gonzalo Molina y ahora Rodolfo González Alcántara. Dos campeones nacionales de Malambo.
Son más de las siete de la mañana y el Festival terminó, con la emoción a flor de piel y una sencillez que sorprende, el Campeón se presta a una charla sincera y llena de recuerdos.
Te has consagrado campeón nacional del malambo…
RRA: -Es un sentimiento increíble, primero porque a los doce años vine por primera vez acá y veía a esos monstruos del malambo. Los miraba desde abajo con admiración, iba uno por uno y miraba cómo ensayaban. Después le agarrás tanto amor a esto, sobre todo tanto respeto, porque todas las veces que he venido a este escenario me he matado para llegar bien acá, entrenado. Siendo pibe, teniendo doce o trece años, después en juvenil siempre vine bien preparado. Después el resultado fue otra cosa, pero siempre vine bien preparado.
Laborde es lo que te quita el sueño, lo que te saca horas de dormir, horas con la familia. Te saca un montón de cosas: comer, disfrutar un asado con tus seres queridos. Te saca muchas cosas, pero es lo más anhelado para los que zapateamos.
El campeón 2011, comprovinciano tuyo, te entregó la posta…
RRA: -Que me lo haya entregado el Pony (Gonzalo Molina) fue increíble. Porque yo lo conocía, pero al haber salido campeón y subcampeón empezamos a dialogar más. Los últimos días me fui a La Pampa –porque estoy viviendo en Buenos Aires- y ensayé en el escenario que él tiene detrás de la casa. Y me apoyó muchísimo. Mi profe, Fernando se había ido a Salta y me costaba ensayar con alguien. Él estaba ahí ayudándome y sobre todo alentándome. Porque por momentos tenés esos días en los que sentís que se te escapa todo, y son difíciles, pero él ya había vivido la situación de haber sido subcampeón y me iba tranquilizando junto con Walter. Él me decía “Yo te tengo que entregar la copa a vos”. Fue espectacular.
Hablás del tiempo perdido con la familia que fue un eje en tus primeras palabras como campeón…
RRA: -Sí, mi familia es todo. Cuando digo familia, me refiero a mis amigos, mi mujer, mis suegros, mis padres. Siempre están ahí, sea en lo mínimo. Mis viejos son laburantes: mi viejo tiene un trabajito en la municipalidad y es albañil y me pagaron el colectivo. Recorrieron todo Santa Rosa para conseguirlo y sé que ellos vuelven y tienen deudas. Van a tener que trabajar el doble para terminar de pagarlo y que hagan algo así es emocionante. Y yo sé que les he restado tiempo, cuando iba a La Pampa iba a entrenar, me levantaba, tomaba unos mates con mi vieja y arrancaba a entrenar. Auque iba no estaba. Se te cruzan y se te mezclan muchas cosas.
Destacabas en tu discurso la importancia de la fe…
RRA: -La fe en Dios me fortaleció mucho. Cuando estás en el fondo de todo y decís “no me voy a caer”. Me he sentido acompañado, lo tuve ala lado en cada oración antes de zapatear, en cada mirada al cielo. Esta semana además me pasaron muchas cosas espiritualmente: un pibe de la apertura me regalo un crucifijo que era de su abuela que había fallecido. Me dijo que él no era creyente, pero que me lo daba para me acompañara hasta el final. Yo lo tengo puesto, tengo tres: el de un amigo mío del alma –de Santa Rosa-, el de mi mamá y el del pibe éste. Después me pasaron un par de cosas más, impresionantes.
También adoro la vida de Jesús y leo. Me encantaría hacer las cosas que hizo Él, tener la bondad de ayudar. Muchas veces cuando te metés cosas en la cabeza, como por ejemplo ser campeón, estás en la tuya y te olvidás que el de al lado te necesita. Yo lo que le pedí a Dios en este año –más allá del sueño de ser campeón- es que no me olvide de los que están al lado, que mire al que está por cruzar la calle y no ve, al que necesita algo. Le pedí que me ayude a seguir soñando y luchando, pero sin olvidarme de los que me rodean.
El día de mañana, cuando seas padre ¿quisieras que tus hijos sean malambistas?
RRA: -Cuando los tenga, quisiera que sean lo que ellos quieran. Seguro que algo van a mamar. La mamá es bailarina, yo zapateo, seguro que una bombacha, un alpargata o un vestido van a agarrar, pero que sean lo que ellos quieran.
¿Qué consejo le darías a los chicos que hoy te vieron en el escenario y anhelan tu mismo sueño, ese que hoy has cumplido?
RRA: -Si tuviera que darles un consejo a los chicos, les diría que sean honestos con ellos. Si no sos honesto con vos mismo después cuesta ser honesto con el resto. A mí me ayudó mucho no mentirme, saber cuándo estaba haciendo las cosas mal y pedir ayuda para corregirlas. Y cuando estaba haciendo las cosas bien, ser humilde, agachar la cabeza y seguir creciendo, no ponerme un techo. Eso me ayudó mucho.
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