Hubo hace unos años una señal. Tal vez un recuerdo o un hecho, del cual Florencia Dávalos- la hija menor del gran poeta salteño Jaime Dávalos-, despegó esa faceta de cantora que hoy la encuentra en el camino. Quedo atrás su trabajo como vestuarista, como estudiante de teatro, heredera de abuelas costureras y hasta actriz quizá, y mas atrás, sus vivencias en Zárate, provincia de Buenos Aires, cuando la familia Dávalos –mamá, papá y tres hijos- se instaló en aquel barrio de callecitas de tierra y ríos cercanos.
FD: “Yo crecí en una casa llena de música y poesía, donde cantar era como respirar. Nací en Buenos Aires capital. Mi madre - María Rosa, la segunda esposa de Jaime- es de Zárate y cuando se reunió con mi viejo salteño se afincaron allí un par de años hasta que nos fuimos a Salta. Yo era chica y mi padre estaba proyectando hacer un centro cultural, “El Alto de las Artesanías”, que nuclearía a artesanos, músicos, alfareros, y poetas de la zona (yendo para La Silleta, Campo Quijano). Yo tenía en esa época tres o cuatro añitos. El proyecto se concretó pero nunca se puso en marcha. Así que mi mamá, que todavía estaba estudiando la carrera de kinesiología, le dijo a mi padre: “mira Jaime, yo me vuelvo”. Así fue como nos instalamos en Zarate nuevamente, primero en casa de mis abuelos y luego con la familia unida, a partir del año 1979, en una casa que construimos y que fue la nuestra por muchos años, así que yo me crié mayormente en el barrio cazando mariposas, en el río y con la poesía de mi viejo.”
Sin embargo fue un largo camino el que recorriste antes de decidirte a cantar…
FD: “Siempre cantamos en mi casa, pero el único músico que estudió fue mi hermano Marcelo, que es pianista y compositor de jazz y ahora está viviendo en España. Yo nunca tuve una formación académica y cuando decidí optar por una carrera, primero quise entrar en teatro y luego terminé tomando para el lado de diseño. Siempre dibujé, pinté, son cosas que heredamos de mi papá, todos nosotros tenemos facilidad con las manos, con el arte. Mi papá fue autodidacta, era carpintero y heredamos esa impronta. De repente se venía con la idea de hacer títeres y nos ponía en el patio de mi casa a hacerlos con papel maché. Todos esos recuerdos son vivencias prácticas. El tema del diseño era algo que me atraía y era un puente entre el lado artístico y creativo paterno y mi abuela Lidia, que cosía como los dioses.”
¿Y cuál fue el detonante de tu decisión?
FD: “Una amiga muy querida me escuchaba cantar y me decía que tenía que hacerlo. Yo no me lo creía mucho, no veía que eso fuera para mí una forma de vida, siempre lo tomé como algo superfluo, quizá porque sufrí el ser hija de un artista y esas cosas de la ausencia que todos los hijos la sufren y no quería repetir lo mismo con mis hijos.
Hubo un llamado, un detonante en algún momento hace cinco o seis años atrás que me hizo tomar la decisión de empezar a cantar. Me inicié con un dúo junto a Luciano Guedes que duró casi dos años y ahí empecé a vislumbrar la posibilidad de cantar, siempre manteniendo mi trabajo como diseñadora. Después deshice el dúo, porque sentía que tenía que hacer algo como solista. Empecé primero a cantar libre con la caja, y hace un año me encontré con un guitarrista – Nicolás Spivak. - que entendió la onda y ahí empecé a seguir el curso.”
Florencia tiene un nexo muy especial con el norte y especialmente con el Tantanakuy de Humahuaca, encuentro que hace más de treinta años viene realizando el músico Jaime Torres y cuyo principal mentor fue el padre de Florencia. Los últimos viajes al norte han sido de gran impulso para su carrera. “Este último año fue revelador a partir del Tantanakuy. Conocí a músicos profesionales que me dan seguridad y me han ayudado a tener confianza en lo que hago.”
Durante el año 2009, la hija menor de Jaime Dávalos dedicó su tiempo a afianzarse como cantora y grabar un demo que será parte de su primer trabajo discográfico, (ya en trío junto a Nicolás Spivaken guitarray Gaspar Tytelman y percusión) con canciones de su padre -entre ellas una inédita -“A Orillas del Xibi Xibi”- y otras elegidas entre las que cantó siempre. Además, tuvo plena participación en la agenda peñera de Buenos Aires, presentándose en varias de ellas y en centros culturales. En el Festival de Cosquín 2010, fue parte del “Encuentro de Poetas con la Gente”, en una jornada dedicada a Jaime Dávalos en la que presentó un espectáculo de canto, poesía y danza junto a la hija de “el Chucaro”, Gabriela Ayala. “Salió algo muy interesante y muy fuerte ya que las dos somos hijas de referentes del folklore.”
¿Qué proyectos tenés para este año?
D: “Por un lado la idea es cerrar el trabajo del trío y por otro hacer una obra homenaje a mi padre. Pienso que su obra es universal, por lo que yo sólo trataré de interpretar la poesía que me toca hasta los huesos.”
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