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La Compañía Nehuén presentará el viernes 6 y sábado 7 de noviembre, el espectáculo "Malambo Brujo, un ritual de pasiones" en el teatro Broadway
 

Con una concepción de la danza que conlleva una línea argumental, el ballet nacido en 1992 apuesta a un espectáculo que –se anticipa- será interesante, desde la puesta en escena -que incluye músicos en vivo- y el talento, claro de los bailarines.

Previo a una semana de ensayos generales, Fernando Montivero –director del ballet-; Héctor Díaz -director teatral- y David Sanabria- protagonista de la obra- cuentan a Boletín Folklore qué preparan para la presentación.

¿Cuál será la temática de la obra que presentan en el Broadway?

FM: "Es sencilla. Hay cuatro personajes, un brujo mayor que regentea un lugar que se llama “El Pedregal” y una bruja mayor; hay un brujo bueno y un brujo malo como en todas las historias y un personaje que gobierna de alguna manera el corazón de los tres, y se generan triángulos amorosos que van llevando a través de la trama de las obras y las coreografías, pero es una historia simple que ocurre en este tiempo."

¿En qué te inspiraste para guionar la obra?

FM: "Originalmente lo que inspira en mí "Malambo Brujo", es vera mis propios bailarines despojados de lo que es una actuación común. En el cotidiano, ver cómo ellos disfrutan y cómo viven el baile, no como arte sino como algo que les genera cosas en su alma y la forma en que se expresan cuando no hay un supuesto espectador. Se expresan librementecomo si fuera una danza embrujada, yo los conozco de chicos porque a la mayoría los formé yo, sin embargo me sorprenden cada vez que los veo."

¿Cómo surge la idea de una obra de ballet con argumento?

FM: "La idea inicial fue hacer un espectáculo de malambo argentino. Lo que pasa es que si uno muestra solamente malambo o solo baile, a mi criterio el espectáculo se agota a los veinte minutos. Llega un momento que te aburrís de ver la obra, una hora y media de ver gente zapateando. Ya pasaba con Antonio Gades, era gran zapateador de flamenco, pero sin embargo para sus obras le ponía un argumento y contaba algo para que eso esté dentro de un contexto. Nosotros empezamos haciendo un espectáculo de malambo y chacarera y zamba pero buscamos contener a esas coreografías dentro de un marco argumental temático. Digamos que el quid de la cuestión no es sólo el contar una historia sino mostrar la danza a través de una historia."

El ballet es uno de los que más actúan en todo el país. ¿Cómo logra un cuerpo de danza esto ser reconocido?

FM: "Yo creo que hay elementos para lograr eso. Uno es trabajar a conciencia, hay que ser conciente de que esto es un trabajo, una carrera, y tomarla como tal. Lo segundo es el compromiso de elegir lo que uno quiere hacer y tomarlo como parte del espacio creativo. Y el tercero es tener talento, uno puede ser ordenado pero si no existe eso que a la gente le llame la atención y la transporte a otro lugar, no se logra nada. Luego la búsqueda permanente. Porque uno cree en lo que hace, porque lo eligió como trabajo y elemento de vida para lograr esa vigencia. Hay que estar permanentemente generando propuestas, más allá de que éstas pasen de largo. Lo que pasa también es que no hay espacio para la danza, porque son grupos numerosos y movilizarnos es un tema, por eso uno tiene que tener un sistema de trabajo armado para que eso deje de ser un inconveniente.

Fernando Montivero, Héctor Díaz y David Sanabria fueron compañeros durante años en el Ballet Brandsen. Luego cada uno tomo su camino, siempre en la senda del arte –Fernando como director del Nehuén; Héctor como director teatral (trabajó, en "La Duarte" de Eleonora Cassano, entre otras obras); y David como bailarín de Tanguera.

¿Cómo se traslada lo teatral a la danza?

Héctor: "El teatro y el cuerpo, es algo que para nosotros es muy cotidiano. Es casi una comunión la teatralidad del movimiento. Viene desde el teatro griego y está bueno poder contar a través del cuerpo una historia. Lo que buscamos fue un lenguaje, es decir: con qué movimientos íbamos a contar. Ese es un trabajo que se había perdido. Nosotros decimos siempre que ya no hay compañías que puedan contar porque el intérprete no está formado para eso, se dedicó mucho al movimiento sin poder contar. Yo durante mucho tiempo hice teatro físico, creo que todos nosotros nos formamos en eso. El Brandsen fue un poco un ballet que contaba historias. Cada uno cuando teníamos veintipico de años, jugábamos a hacer diferentes personajes y nos fuimos armando entre todos, fuimos aprendiendo con el tiempo y a perfeccionarnos. Yo con diferentes formaciones me di cuenta que ya tenía un montón de cosas aprendidas y que tenia que hacerlas.

¿En la obra habrá músicos en vivo?

FM: "Habrá una banda integrada por Diego Adolfo, (que toca guitarra, triple venezolano y canto, y es aparte el arreglador de los temas), luego está Mario Chávez y Mariano Céspedes en violines; Santiago Alvarado en el teclado y el grupo de percusión La Repercuta de Santiago del Estero, con quienes vengo en proyectos en común desde hace años.

La percusión en Malambo Brujo es fundamental. Toda la música es en vivo, no hay ninguna pista, todo está armonizado entre bailarines y músicos, lo que ya es todo un tema.

Hay composiciones de Daniel Cañueto que no es muy difundido pero que desde que lo conocí hemos trabajado casi siempre juntos. En esta oportunidad no pudo participar en la banda por sus compromisos pero el cincuenta por ciento de la historia musical es de él. Es una banda nueva con no mucha difusión con músicos talentosos. A veces en este tipo de espectáculos se buscan los apellidos pero siempre he visto que la solución la dieron los jóvenes pujantes que venían detrás.

Por eso ahora volqué en una banda musical muy joven la responsabilidad de hacer un espectáculo de una hora y media donde todo tiene que sonar a tempo, con el ballet no hay posibilidades de zapar porque el bailarín está esperando el sonido ese que requiere un movimiento y eso necesita de mucho trabajo de ambas partes."

La pregunta va para David: ¿Cómo te sentís trabajando con el Nehuén, desde tu lugar de protagonista y solista?

David: "Me siento muy a gusto y orgulloso de trabajar con éstos colegas con quien nos conocemos desde hace muchos años y también porque estoy trabajando con un equipo joven al que aportar, de parte de nosotros, experiencias de todas aquellas escuelas que tuvimos anteriormente. Por eso estoy muy contento con el espectáculo por transmitir eso que hemos vivido nosotros durante años para llegar a esta etapa."

A vuestro criterio, ¿piensan que no se les da a los ballets el espacio suficiente dentro del folklore para llegar a ser reconocidos?

FM: "Para mi tiene que ver con lo comercial, el bailarín no vende discos, el bailarín no tiene compañía discográfica, ni representante ni nada. Te confieso que un ballet se contentaría con ganar una cuarta parte de lo que gana cualquier músico, e iría a un festival feliz de haber sido convocado. La danza tiene un espíritu amateur que la sostiene al pasar por esa exclusión. El bailarín vive la danza como una pasión que por más que esté siempre del lado de afuera, resiste. Lo que mostramos en “Malambo Brujo” es esto que perdió la danza. Las buenas cosas que tenían los grandes maestros, como El Chúcaro, donde te contaba algo, o el ballet Brandsen.

Por ejemplo, en el pre Cosquín ya no existe el cuadro argumental. Eso hace que haya menos investigación, menos formación, menos ganas de querer mejorarse como artista, de querer ser más integral, más polifuncional, y lo único que evalúan es si zapatean bien o mal. Si el mayor festival no lo pide, los demás festivales y certámenes se copian y desaparece el cuadro argumental.

A mi me contrataban mucho otros ballets para que les armara obras argumentales, porque ellos no se sentían capaces de hacerlo, o sus coreógrafos no habían sido formados en eso, así que es como una segunda o tercera generación de bailarines que se forma como profesor pero que no se forma en la cuestión artística. Todo pasa a ser una cuestión coreográfica por ahí bella a la vista pero vacía de contenidos.

P.D.S.

 
 
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