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BARADERO 2009
Encuentro de todas las músicas

 

Del 12 al 15 de febrero, Baradero (a 150 kilómetros de la capital del país, sobre el río que le da nombre) volvió a convertirse en el centro de la música popular de la provincia de Buenos Aires. Nunca mejor puesto un slogan a un lugar: "La Ciudad del Encuentro": a dos cuadras de la ribera, el anfiteatro Pedro Carossi albergó los más variados sonidos, deambu- lando entre el tango, el folklore, el rock y la murga.

Mas allá del Festival de Cosquín y en cuanto a variedad de estilos, Baradero ofrece siempre algo para decir, musicalmente hablando claro, y pensando en propuestas renovadas. Con sólo asomar la nariz y ver que, para el cierre del festival, el grupo uruguayo La Vela Puerca trajo su música, minutos después de que el dúo Coplanacu se bajara aplaudido por los fans del combo rock, se  entiende que aquí todo es posible.

Vuelan los botellazos

La noche del jueves comenzó con polémica, -como no podía ser de otra manera- : el Chaqueño Palavecino y Peteco Carabajal siguieron lo que comenzaron en Cosquín: de parte del santiagueño, bromas alusivas al horario de actuación a costa del enojo del salteño, que cada vez se siente más divo, cada vez se aleja más de lo que fue alguna vez el ídolo popular que asombró desde las tablas. Aquí la dicotomía entre lo bueno y lo obligado: Peteco presentó parte de su disco "Aldeas”, uno de los mejores de final del año pasado– que vuelve a presentar en marzo en Buenos Aires –. De ese trabajo, canciones como “Mediterráneo” de Serrat, y de su interminable lista de clásicos, las chacareras de siempre para bailar. Palavecino hizo lo suyo sobre el escenario, aunque algo mas frío que de costumbre, lento, como queriendo irse.

Antes, los salteños de Los Huayra -consagración Baradero 2008 y Cosquín 2009- se presentó frente a un público que los escuchó atentamente y les pidió que regresen para los bises como también a Pancho Figueroa, el ex Chalchalero devenido en solista.

Miguel Duré, uno de los más aplaudidos, llegó con un repertorio que incluyó a Yupanqui y Zitarrosa con esa voz tan particular que recuerda al trovdor uruguayo. Todos ya hablaban de la consagración del festival. Como lo harían en las demás jornadas, el Bocha Retegui y el dúo Fre-Dos llevo el humor a la noche del jueves.

Ay Lucianito!!!

El viernes, la seguridad estuvo lista en su lugar para detener a las hordas de fans que atosigaban a Luciano Pereyra. Promediando la noche, llegó el ídolo, pero las fans no estaban. Adiós seguridad:  ¡hola ridiculez! Pereyra cerró la noche con dos horas de show, con sus melodías-de-amor-para-chicas-románticas, y algún que otro tema de sus primeras épocas, como “Chaupi Corazón”.

Antes, bajo un cielo estrellado, una temperatura más que agradable y un anfiteatro casi lleno, Argentino Luna, respetó los quince minutos que le dieron para explayarse  pero no dejó de decir lo que fue a decir: "algunos artistas se creen divos", en perfecta alusión a quien la noche anterior rompió con la serenidad del festival y algunas botellas de vino. Luna se fue ovacionado por el público, presentando a Nicolás Membriani, el payador que ganó el premio Revelación en Jesús María .

Mora Godoy, sin Innovar, devolvió los aplausos con un show de tango que incluyó –como el año anterior- el Libertango de Piazzola, y creó clima para lo mejor de la noche: Omar Mollo, con su larga mata de rulos y su voz de de rock suburbano, terminó de consagrarse -recibió aquel título hace dos años en este festival- ante el público y para la posteridad. De "Naranjo en Flor" a "Uno", el sonido del tango pasó por Baradero, de la mano de este artista tan simple como necesario cuando se habla de renovación de sonidos y propuestas.

Ofelia Leiva, recordó viejas épocas vividas junto a su esposo Rosendo –desaparecido el año pasado- sobre el escenario Abel Figueroa: con clásicos de la música del lioral hizo cantar a todos. Las Voces Blancas deleitaron con los arreglos vocales y José Ceña desplegó su selección de canciones homenajeando a Yupanqui, apoyándose en una banda que suena muy bien. La propuesta de Ceña es pocas veces vista en los festivales, pero necesario a la hora de crear un clima musical de delicada factura.  Laura Ros siguió el recorrido del buen gusto al subir al escenario, ya pasada la medianoche cálida, ideal para escuchar a esta joven y excelente artista.

Noche de glorias y sorpresas

El sábado amaneció con un sol radiante, al calor de un verano baraderense listo para disfrutar. Mariano Mores abrió la noche recordando en imágenes toda su carrera. En su amplia trayectoria varias veces se presentó en Baradero donde siempre fue muy bien recibido. El Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli llegó para ver su espectáculo. La presencia de Mores estaba prevista para el horario central, pero apuró la presentación por cuestiones protocolares.

Jaime Torres, y Gustavo Patiño, le dieron el color de la quebrada, y los sonidos del altiplano a la noche. Ambos artistas fueron dignos de aplausos. Matías de la Rosa- revelación del año pasado-, demostró cómo va evolucionando y creciendo musicalmente, mientras que el duo Orozco Barrientos  dio rienda suelta a su talento, presentando temas de Pulpa, su último disco- "El Vampiro Chupador"- y canciones de "Celador de Sueños" (el primero), como "Tonada de Amor" , "Los Ojos del Amor" y el que da nombre al disco. Una perlita: "Póngale por las Hileras", de Felix Dardo Palorma en versión Tilín - Fernando, un lujo.

Siguiendo con una noche para el recuerdo Raly Barrionuevo se presentó en el escenario sin su guitarrista Ernesto Guevara, -que ya emprendió su carrera solista- ni el Mono Banegas, -que fue papá hace días-, pero desplegó su más fuerte espíritu rockero para hacer un set folklórico que lo llevó a la ovación sostenida del público. Sin solución de continuidad, el santiagueño cantó una tras otra canciones de todos sus discos - "Sólo tus Ojos", "Si Acaso Vuelves" , "Oye Marcos", en dos bloques: uno bien arriba y otro más tranquilo con zambas como "La Engañera" y "Zamba y Acuarela", para cerrar con aquel tema de Carlos Puebla dedicado al Che Guevara, “Hasta Siempre”.

Patricia Sosa subió despuntando la noche, muy tarde quizá para la gente que la esperaba desde temprano. Recorrió su carrera musical y los temas de su último disco “Lija y Terciopelo” y no dejó de invitar a apoyar su causa por las tribus tobas del Impenetrable, para las cuales creó una fundación solidaria, Pequeños Gestos.

 No es un domingo cualquiera

Sobre el escenario Abel Figueroa se verán situaciones y músicas tan diversas que sorprenderán al más escéptico de los mortales. Otra noche cálida sobre Baradero y la sensacion de que, a pesar de ser último día de festival , aún queda mucho por ver y escuchar.

Lázaro Caballero Moreno abrió la noche (el año pasado, todavía como Lazarito, ganó el premio Consagración de la gente), otra vez mezclándose con el público y arengando a la popular, su manera de llegar a la gente.

Las chamarritas entrerrianas vendrian de la mano de Los Musiqueros Entrerrianos -Marcelo Madoni, Francisco Cuestas y Rubén Giménez-, profetas del sonido litoraleño entrerriano, junto a Néstor Cuestas, un sabio del tema y entre todos, de los pocos artistas que mantienen esa tradicional melodía en su cantar y la llevan como bandera por todos lados. Pegaron bien en un publico que tiene esencia de río y litoral.

Otra mesopotámica, pero correntina, la querida Teresa Parodi, siempre dando muestras de talento, seguridad y honestidad sobre el escenario, regalando canciones como “La Celedonia Batista”, o “Esa Musiquita” y cerrando con “El Ángel de la Bicicleta” de León Gieco, para Pocho Leprati, el rosarino asesinado por policías en el 2002.

Ariel Prat trajo lo que falta en muchos festivales: la murga ciudadana, esa que cuenta y canta las realidades de una ciudad, los amores y los sueños de los que viven a diario en el cemento. Praten dos facetas: la de cantante y la de murguero, con atuendo al tono y un carisma inigualable, se llevó al publico en el bolsillo.

Como siempre Fre-dos y el Bocha Retegui pusieron humor a la noche, que siguió abarcando los extremos musicales.

Arbolito llegó promediando las 2 de la mañana, con su propuesta musical aceitada, un sonido perfecto y un repertorio que hizo bailar a todos, canciones como “La Costumbre”, “La Novia”, “Niña Mapuche”, “La Recuperada”, cerrando con “El Pibe de los Astilleros”, de los Redonditos de Ricota. Verónica Condomí acompañó a la banda comandada por Agustín Ronconi en la mayoría de sus canciones.

Entre Arbolito y La Vela Puerca quedaron apretujados, como sin aire, Roberto Cantos y Julio Paz, los integrantes del Dúo Coplanacu.

Una mala decisión de quien maneja el itinerario artístico de cada noche, puso al dúo entre dos grupos numerosos, de sonido rock, donde, se sabe, se necesita mucho tiempo de armado por la cantidad de instrumentos y donde, se intuye, siempre quedan relegados los artistas con menos pretensiones.

Era sólo enchufar una guitarra, un bombo y un violín, y acomodarlos de manera que sueneen, sólo que nadie pudo hacerlo bien, parece, y hubo problemas para escucharlos. Eso, sumado al apuro por querer subir a La Vela Puerca antes de las 5 de la mañana, hizo que nuevamente el Dúo Coplanacu sea llevado a la categoría de artista secundario. A pesar de todo -mal sonido, apurada presentación- debemos decir que Los Copla se metieron a un público rockero que esperaba a la Vela Puerca sin condiciones, en el bolsillo, a las 4 de la mañana. A fuerza de chacareras, zambas, gatos escondidos, honestidad, transparencia y un “nos sirve tocar en medio de Arbolito y La Vela porque necesitamos aprender nosotros también de ellos” se llevaron la ovación de los jóvenes impacientes, que les pidieron otra para completar la actuación.

A la 5 de la mañana los uruguayos llegaron –con un anfiteatro devenido en campo de pogo- para cerrar la 35a edición de un festival importante por mucho: nadie es la estrella y todo el mudo brilla, musicalmente hablando.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Notas y Fotos: Paola De Senzi

 
Baradero 2009
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