Pasadas la tres de la mañana del sábado 15, el acorde final de "Añoranzas" dio paso a lo esperado: luego de 36 horas ininterrumpidas de chacareras, Cuti Carabajal respiró aliviado y se dio el gusto: "ahora tocamos una zamba".
La entrada al Libro Guinness, fue otro motivo para celebrar con un vino, una cerveza, Fernet o lo había a mano. Una parte de la semana Carabajal concluía así, con las palabras de "Lito" Tirador, el recordman tucumano enviado como veedor y las de Julio Marbiz, -"¡aquí! chacarera!", emulando el grito de Cosquín- quien junto a su hijo, Martín y al igual que en el comienzo, -14.30 del jueves-, ofició de animador.
Durante el tiempo transcurrido, se interpretaron más de 500 chacareras, con lapsos de menos de 30 segundos entre tocada y tocada, rutina que una vez aceitada, lograría convertirse en costumbre. No se repitió -tal cual decía el reglamento- tema alguno, y hubo de todo: papelones, revelaciones, niños prodigio y salvatajes a altas horas, cuando la macha de algunos convocados los sacó de circulación a la hora de tocar.
Cada tanto -cuado la cosa decaía, o escaseaban los artistas-, el anfitrión y su sobrino Roberto, subían a arengar a los bailarines con los clásicos de la familia, y volvían a meter pata al acelerador del ritmo santiagueño.
El Maratón de Chacareras -parte de una idea iniciada por Carlos Carabajal en una de sus incursiones por España, declarada de interés provincial por la Cámara de Diputados y Senadores- fue una de las varias actividades que se realizaron en Santiago del Estero (entre la capital y La Banda) del 11 al 16 de agosto, cuando tradicionalmente se festeja el cumpleaños de la abuela María Luisa Paz.
El certamen y otras actividades como la Marcha de los Bombos y la inauguración del Museo de la familia Carabajal -que de ahora en más funciona en lo que fue la casa histórica y que además es peña- convergieron en una semana en la que el veranito -por las temperaturas elevadas de la tarde y las noches agradables- acompañó la gesta.
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