"Que duende andará queriendo de copla harina y canción …
Medanal llevame hasta Cafayate y que el vino me desate las penas del corazón…"
Así dicen los versos de una zamba que habla de Cafayate.
Hay unas cuantas más dedicadas, como si aquel pueblo de los valles Calchaquíes, enclavado a 183 kilómetros de Salta, a 1686 metros sobre el nivel del mar en medio de montañas que el viento se encaprichó en modelar, tuviera una magia que implica homenajearlo.
No es para menos, Cafayate tiene duendes, de los que existen en la imaginación y de los que duermen en las copas de vino que vierten las bodegas, en las hileras regadas por acequias que trae el río que cuesta arriba nace en cascadas, cerca de las pinturas rupestres de tiempos pasados.
El valle repleto de vides de buena cepa, de las más premiadas en el mundo, está enclavado al sur de la capital salteña, enlazado a ésta por la ruta provincial 40, que cruza desde El Carril y Campo Quijano, pasando por Alemanía -aquel pueblito dejado en el olvido del ferrocarril que hoy es hogar de sólo siete familias artesanas que viven de esa actividad y de la agricultura unidas en cooperativa-.
"Padre, ya viene el tren de Alemanía,
Anúncialo tocando la campana,
Ponte la gorra, cierra la ventana
Que ya no hay nadie en la boletería"
Al pasar Alemanía la ruta deja atrás el verde valle y las montañas comienzan a tomar formas caprichosas, que la erosión eólica y pluvial se encargaron de modelar, como El Anfiteatro, o la Garganta del Diablo,o el Sapo o El Fraile.
Siguiendo por el camino sinuoso, se divisa por fin la alameda y el arenal -que en viejas épocas, cuando en Cafayate a la medianoche se cortaba la electricidad obligatoriamente, oficiaba de farol natural por la mica que brillaba en las dunas-.
La alameda transporta directamente al cruce de los ríos Chuscha y Lorohuasi, portal de este pueblo de más de 10.000 habitantes, que hacia Tucumán se comunica con Tolombón, Amaicha del Valle y Tafí.
La Historia en Serenatas
Arnoldo Echart, un joven bodeguero que en 1974 andaba recorriendo balcones prodigando serenatas a las mozas cafayateñas, tuvo la idea junto a don César Perdiguero -compañero de ruta- de regalarle una serenata a su pueblo.
Luego de varias idas y venidas, ambos lograron, convertir la bodega de la Familia Coll –hoy la Encantada - en predio donde se juntarían poetas y cantores, sobre un escenario que llamarían Payo Solá, en honor al bandondeonista salteño.
Entre los artistas que acompañaron a los creadores de la primera serenata estuvieron Martín Dávalos, el Dúo Herencia, Clemente Aramayo, Rabito Briones, Martín Bustamante, Martín Salazar, Hugo Guantay, Hermanos Gutiérrez, Bagualero Vázquez, Silvia Barrios, Víctor Ruiz y muchos más, todos bajo la animación de César Fermín Perdiguero y Juan Carlos Lagomarsino.
Luego, con el tiempo y los años, llegarían Los Chalchaleros, César Isella, Dino Saluzzi, Zamba Quipildor, Los Cantores del Alba, Eduardo Madeo, Teresa Parodi, Jairo, Horacio Guarany, Antonio Tarragó Ros, Las Voces de Orán, Los Carabajal, el Chaqueño Palavecino, Mercedes Sosa, Los Nocheros, Soledad, Pedro Aznar, Los Kjarkas y muchos más
A 35 años de aquella primera serenata, Cafayate vovió a vestirse (del 16 al 22 de febrero) con el poncho de la alameda y desplegó siete días de música y actividades culturales regadas por los vinos de las bodegas vallistas.
Sumado a esta algarabía festivalera, la época propicia: el carnaval que cayó en fecha justo para el festival, llenó de colorido las calles de la ciudad, con las comparsas provenientes de distintas partes del norte, incluída la de Tilcara.
Desde Salta a San Carlos, pasando por Animaná y Amaicha, y de otras provincias del pais – mezclados con los sorprendidos turistas extranjeros que hicieron pie en los valles de viaje por estas zonas- llegaron visitantes para disfrutar de las noches bajo las estrellas que iluminaron la bodega encantada.
"Cuando llego a Cafayate, se me queda el corazón,
en tus cerros, en tus valles y en tus viñedos de sol,
Cafayate bagualero, madura mi corazón,
cuando en el mes de Febrero, tus uvas se hagan canción... "
Una variada cartelera de artistas tuvo la Serenata 2009.
Desde Raly Barrionuevo, Néstor Garnica, Luis Leguizamón (el hijo de El Chuchi, quien todos los años sube al escenario como parte de la herencia de su padre) León Gieco, Bruno Arias, Los Tekis, Elpidio Herrera y las Sachaguitarras Atamishqueñas, Rafael Amor, Sergio Galleguillo, Jaime Torres, Raúl Barboza, Alfredo Ábalos fueron parte de los cuatro primeros días, hasta llegar a la noche del viernes, denominada “La Noche De Salta”, donde se dio lugar a los números de la provincia anfitriona.
Los Huayra cerraron esa jornada, confirmando que además de ser profetas en su tierra, siguen consagrándose en cuanto escenario se presentan.
El viernes además, Melania Pérez – otra hija dilecta de los valles- dejó un tendal de talento, maravillando con su voz, llenando de música la noche. También fueron parte de esta velada salteña, Las Voces de Orán, Los Bandeños, la Delegación de Salta (ganadora en su rubro en el festival de Cosquín), Marcos Arjona y Martín Palavecino.
El cierre de la Serenata –como no podía ser de otra manera-, estuvo a cargo del Chaqueño Palavecino, tradicionalmente el artista que amanece serenateando.
" Ay, niña de Cafayate
quiero quedarme con vos
y junto con mi guitarra
legüeros y bandoneón
cantarte esta serenata
y amanecer con el sol."
Cerca de de las 5 de la mañana, a predio repleto -no cabía un alfiler- rociado con vino tinto y una llovizna tenue que comenzó a medianoche, Oscar Esperanza Palavecino reivinidicó su estampa de cantor en el festival que lo tuvo siempre como el hijo pródigo. Al son de “Yo soy de Allá” comenzó desplegando todo su cacionero, donde no faltaron las canciones dedicadas al lugar donde se encontraba.
Durante la espera – larguísima por cierto, pero conocida: la idea es que el chaqueño cierre amanecido decían los presentes- amenizaron la noche Mariana Cayón – premio consagración en Cosquín, aquí en Cafayate, su ciudad de origen, rodeda de fuegos artificiales (innecesarios), Los Changos, Mariana Carrizo –otra hija dilecta de los valles, en este caso de San Carlos, a 10 kilómetros de Cafayate de donde trajo sus coplitas de amor y su simpatía, junto a Guitarreros y la Escuela de Música de Cafayate.
" Ay, niña de los encantos
decime lo que no sé
qué misterio hay en tus vinos
y es lo que quiero saber
y que a tu bodega encantada
ya estoy pensando en volver."
La próxima XXXVI Serenata a Cafayate se realizará entre el 15 y el 21 de febrero de 2010 nuevamente en el predio "Don Cesar Fermín Perdiguero"
También serán siete días de música, actividades culturales y serenatas al amanecer en el gran balcón de la Bodega Encantada, donde los duendes del vino siempre permanecen esperando por un nuevo febrero.
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Gracias a los poetas y autores: Oscar Palavecino, Payito Solá, Manuel J. Castilla, La Moro y Mario Teruel por prestarnos sus coplitas... |