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Música para un país de locos corazones

por Paola De Senzi
 

Más allá de los pequeños escenarios dispuestos a lo largo del Paseo, sobre la Plaza de la República, de espadas al Obelisco, pasaron las últimas horas musicales de cada día.

Es tan infinita la cantidad y calidad de músicos -tomando como ejemplo el folklore y la música popular- que transitaron por esos escenarios que hace falta nombrar por lo menos a algunos: la delegación de Catamarca trajo Copleros y Americanta, además de la joven talentosa Nadia Larcher (revelación del Festival del Poncho).A unas cuadras -sobre otro escenario-. Abel Pintos, subía a cantar sus canciones. La delegación santafesina llevó la cumbia de Los Palmeras -que el 25 convocó una gran multitud- y a Juan Carlos Baglietto, quien cantó acompañado de Franco Luciani. El domingo, bajo una densa lluvia- que luego se convirtió en diluvio-, Los Tekis preparaban su actuación. Estuvieron Peteco Carabajal y Vitillo Ábalos, Jaime Torres y Tonolec, por nombrar algunos.

El día de la inauguración, sobre el escenario mayor, una banda musical de glorias del rock, lo homenajeó con momentos de sorpresa y emoción. Con Litto Nebbia como maestro de ceremonias, cantaron León Gieco, Miguel Cantilo, Emilio Del Guercio, Antonio Birabent, Fito Páez y Silvina Garré entre otros, cerrando cerca de las tres de la mañana todos con "La Balsa" uno de los himnos de lo que también es música argentina.

El Abrazo Latinoamericano y el reflejo de lo popular

El sábado 22, la historia fue otra musicalmente pero la idea la misma, un gran coro de almas coreó cada canción del llamado "Abrazo Latinoamericano", llevado de la mano por Gieco y musicalizado -maravillosamente- por el cubano Pablo Milanés, el uruguayo Jaime Roos, la colombiana Toto de Momposina, Víctor Heredia, los chilenos Jaivas, el brasilero Gilberto Gil, el gran Gustavo Santaolalla y los muchachos de Mundo Alas, que cerraron una noche en la que se calculó más de un millón de asistentes. Quizá el resumen emotivo de este día lo encierre ese maravilloso coro cantando junto a Heredia "Razón de Vivir". Una postal sonora inolvidable.

El domingo, el cielo porteño comenzó a amenazar desde temprano, pero nadie se fue. Al contrario, el mar de abajo, se movía al son del mar de nubes que dejaban gotear de tanto en tanto, pero nadie intentaba un escape. Todos miraban hacia arriba de vez en cuando, relojeando. Pero pasadas las 18, las puertas del cielo se abrieron y diluvió por más de dos horas, convirtiendo todo en un gran desierto -ahora mojado- y hubo que suspender las actividades. Era la jornada en que se homenajearía al folklore y al tango y había que pensar en cómo organizar el día siguiente para que nadie se quedara afuera.

Es que justo para el lunes, el escenario mayor tenía prevista además un homenaje al cine argentino, con Santaolalla de anfitrión, directores de todos los tiempos y con proyecciones de las películas más importantes. Además, cerraría la orquesta de Horacio Salgán, que regresaba a los escenarios luego de varios años de ausencia, a los 93.

Para colmo, el fútbol estaría presente esa tarde porque Argentina jugaba frente a Canadá en el partido de despedida hacia el mundial (se habían dispuesto enormes pantallas para la transmisión). Sumado a todas las actividades previstas para la jornada, parecía imposible cumplir en tiempo y forma con lo suspendido el día anterior.

Quizá el ángel de la Patria, que en 200 años mantuvo el fuego que hoy nos alumbra y entibia, permitió que desde el gran desfile de autos antiguos -al mediodía-, pasando por el homenaje al cine- a media tarde-, y la inauguración del Colón -las 19.30-, tuvieran la importancia que se merecía cada uno, y la gente no se perdiera nada. Sí, hubo lugar para el homenaje al folklore y al tango.

A las 16 horas, Teresa Parodi estaba cantando allí, con Bruno Arias, "Piedra y Camino", en una versión maravillosa, única, que hace pensar en qué afortunados somos de tener a la "Tere" entre nosotros.

Orozco Barrientos, Jaime Torres (junto a Jorge Gordillo, y Santaolalla) y Liliana Herrero siguieron cantando hasta que los gritos de gol -del cinco a cero- tuvieron que callar las músicas por un rato, para poder festejar el triunfo argentino.

Al Colón (pero con invitación)

A las 19.32, el Teatro Colón se encendió de historia. Por sus paredes frontales pasó la vida de ese edificio histórico que permaneció cerrado por reformas durante 4 años. Los más importantes artistas de la ópera, el ballet y la música instrumental pasaron por esas paredes restauradas. Desde Luciano Pavarotti, y María Callas, hasta Astor Piazzolla y Manuel de Falla, Bruno Gelber y los pies de Julio Bocca y Maia Plitzeskaia; Maximiliano Guerra invitó a recorrer la obra terminada y los sonidos de cada instrumento reflejaron a las grandes orquestas.

Algunas fallas de sonido provocaron los silbidos de la multitud agrupada frente al edificio, mientras otros nos preguntábamos por qué razón faltaban las imágenes de Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui, quienes también fueron parte del aire del Teatro.

Tras una hora de show multimedia, el edifico enclavado en Cerrito y Tucumán volvió a iluminarse levemente para cobijar dentro a otra historia: un grupo selecto de personalidades que junto al Jefe de Gobierno de la Ciudad -Mauricio Macri- presenciaría una escena de La Bohème. 

Todos a recibir el 25

El pueblo, la gente, esa marea humana que quedó afuera de la alfombra roja, caminó lento pero con dirección precisa hacia el escenario mayor. Cuando nadie lo esperaba, -porque se sabía que tenía una actuación prevista en Cosquín para recibir el 25 de mayo- el Chaqueño Palavecino ocupó el escenario principal para durante más de una hora, dejar en claro que las cosas populares son parte del aire de la Patria Bicentenaria.

Acaso Oscar Palavecino sea el mayor referente -guste o no - por estos días del criollismo, por su porte de gaucho, por su inmensa convocatoria y porque canta (y hace cantar) la música de nuestro país. El Chaqueño cantó folklore y junto a él, un millón de voces, corearon cada estrofa de sus canciones, bailaron zamba, chacarera y chamamé e intentaron un sapucay y un viva la patria, que deben haber retumbado de Ushuaia a La Quiaca.

Palavecino debía irse -un avión oficial a su disposición, lo ubicaría directamente en el escenario de la Plaza del Folklore coscoína- pero él quiso seguir un rato más. Horas más tarde, Marcelo Simón -quien fue el presentador de este escenario junto a Federica Pais- contó que al consultarle tímidamente detrás del escenario si podía cantar una más, Palavecino le contestó que le consulte primero al público. Es de imaginarse la respuesta y también, que no fue un sólo tema el bis de despedida.

Tras una breve -pero contundente- actuación de Los Kjarkas-, y el abrazo uruguayo de Los Olimareños -con el recuerdo y la emoción de años de compromiso- llegó el momento más esperado por todos.

Fue cuando Simón, bromeando con el estado de la muchacha -a 20 días de ser madre primeriza- dijo que a juzgar por esa panza estamos frente a una "matria" en lugar de patria, todos sabían de quien se trataba. Tras la ovación apareció La Sole, con tres temas permitidos por el médico, que fueron cuatro, luego cinco, y el Himno Nacional Argentino de la hora cero del 25. En pantalla, el coro dispuesto en el Valle de la Luna, dio las notas para el comienzo. Sobre el escenario de Buenos Aires, Susana Rinaldi se sumó a acompañar a Soledad.

De ahí en más, todo fue emoción, banderas en alto, gritos de libertad, y fuegos artificiales, en celeste y blanco, con los corazones y las almas a pleno, para decir Feliz Cumpleaños Argentina.

 
 
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