De un lado de la alameda que corona el ingreso a Cafayate está el Río Calchaquí, por el que los ancestros recorrieron hace siglos el valle y dejaron sus huellas. El Río de las Conchas (llamado así porque en el lecho todavía se encuentran restos de caracolas del mar que hubo hace miles de años) va de sur a norte y es uno de los pocos en el mundo que lo hacen. Retobao, quizá como aquellos primeros que lo recorrieron, nace en el nevado de Acay, cerca de Cachi y termina allá arriba como afluente del Guachipas, que tras ser el Juramento, se convierte en parte del Salado y luego del Atlántico. Extenso recorrido el del Calchaquí -más de 3000 kilómetros-. Pero esa es otra historia.
Esta que nace del otro lado de la alameda, y se revuelca en las arenas, tiene aroma a poleo y poesía, a uva torrontés, y para la cosecha, se la homenajea con una serenata que se canta desde hace 36 años.
La historia es conocida: Arnaldo Echart, serenatero de entonces, andaba con ganas de oficializar sus trasnochadas, y se unió a un grupo de amigos para llevar a cabo su aventura. Fue así como en 1974 se levantó un humilde escenario frente a la plaza del pueblo. Dos años más tarde se convertiría -como lo es hoy- en casa de la serenata la Bodega Encantada, y el predio llevaría el nombre de César Fermín Perdiguero compañero de Echart en aquella primera aventura. Lo que resta es historia reciente de poetas, cantores y músicos que pasaron por el escenario Payo Solá formando parte de la magia que despierta a los duendes del vino.
Para febrero, un pueblo se aúna para recibir a cientos de turistas y lugareños que llegan no sólo a presenciar el espectáculo del escenario sino a vivir los días de carnaval, coincidente con la Serenata. Por la tarde, la plaza principal del pueblo se llena de jóvenes -y no tanto- que enharinados y perfumados de albahaca festejan la libertad que brinda el carnaval. Allí se mezclan los músicos que cantan por la noche, trenzados en verdaderas guerras de engrudo. Es fácil encontrar allí a Sergio Galleguillo, los músicos del Chaqueño y la misma Mariana Carrizo, cantando coplas con albahaca en el pelo. Es el espíritu de la Serenata, resumido en ese "¡Alegrate Cafayate!" del nombre.
Por las noches, la música se adueña del aire. Desde hace unos años, la presencia del Chaqueño Palavecino alienta a multitudes a llegarse hasta este pueblo para ver el fenómeno: el cantor oriundo del Chaco Salteño canta por más de tres horas, hasta que amanece. Esa tradición que hoy permanece (a pesar de que en algún año y obligado por las circunstancias no llegó a cumplir su cometido) se conjuga con una excelente cartelera artística.
Este año, la frase elegida para celebrar los 36 años de Serenata fue "el canto de todos" y algo hubo implícito allí, con la presencia de artistas como la correntina Teresa Parodi, el armonicista rosarino Franco Luciani o el bahiense Abel Pintos, quienes acercaron distintos sonidos al festival.
El lunes 15 de febrero, en el comienzo de la serenata, Facundo Toro fue el artista principal junto a Los Changos y Gustavo Córdoba entre otros. El martes Teresa recorrió parte de su nuevo disco, "Corazón de Pájaro", mientras que Luciani interpretó obras del Cuchi Leguizamón (como "Padre del Carnaval", que estrenó especialmente para esta presentación) y Hugo Díaz; la sorpresa la dio el cantor puntano Daniel "Lechuga" García, que llegó con la delegación de San Juan. Una voz privilegiada y una banda impecable pusieron en relevancia su presencia. También actuaron Matías de La Rosa y el local Mauricio Tíberi.
El miércoles, en la tercera jornada de serenata, Sergio Galleguillo fue el encargado de llevar la fiesta chayera y el carnaval, mientras que Paola Arias presentó su nuevo disco, "Quédate Conmigo". El destacado de la noche fue Tomás Lipán, que arribó con un grupo de copleros y por más de una hora instaló el carnaval jujeño sobre el escenario Payo Solá. También actuaron los tucumanos de La Yunta y la riojana Bruja Salguero.
La noche del jueves fue para Abel Pintos, que tras once años de ausencia volvió a pisar el escenario, esta vez con un espectáculo armado para la ocasión, con algo de sus últimos discos (de un estilo folkpop) y mucho de folklore. Antes, la elegancia en los arreglos y lo musical, puesto primero por el guitarrista Carlos Moscardini y luego por el trío formado por Rolando Goldman en charango, Carlos Álvarez en bajo y Rubén Lobo en percusión, escapó a lo tradicional sin dejar de gustar a un público no acostumbrado a este estilo de artistas. Fue una noche especial, pues al atardecer se supo la noticia del fallecimiento del maestro Ariel Ramírez, por lo que casi todos los artistas improvisaron su homenaje. La zamba "La Tristecita" fue la más interpretada. Hubo palabras de todos para recordarlo. Más tarde, Yuca Córdoba, Coroico y Tukuta Gordillo junto a los Hermanos Tolaba y Banda de Sikuris de Tilcara fueron parte del espectáculo. El violinero Néstor Garnica cerró una de las noches más completas e interesantes en cuanto a lo musical.
La primera vez de Jorge Rojas.
La noche del viernes fue la más concurrida, y fue la que tuvo el debut de Jorge Rojas como solista en la Serenata. Subió a cantar cerca de las dos de la mañana, cuando el grupo Los Huayra terminaba su actuación ante un público que los pedía desde temprano. En la apertura, Rafael Amor llegó acompaño de su guitarra; con "Mate Lavao" hizo cantar a todos y emocionó con "Corazón Libre". Cerró con "Independencia", canción dedicada al Bicentenario. La tradición permitió una parada obligada a medianoche, cuando al cumplirse un nuevo aniversario de la Batalla de Salta -que se recuerda en la provincia el 20 de febrero- se cantó el himno Nacional Argentino.
Luego la fiesta sería arriba y debajo del escenario, con Rojas y su completo set de baile, canto y actuación. La impecable power-banda entre los que se destacan Paito Figueroa y Carlos Pema (que en medio de la actuación realizaron un contrapunto de percusión imperdible), fue parte de un momento destacado en la quinta noche de Serenata. El carisma de Rojas, más lo anterior, arrancó suspiros y aplausos de una platea mayormente femenina.
A su término, Mariana Carrizo cortó el sonido estridente para cantar coplitas con su voz. También se fue ovacionada dejando el camino a otras damas del folklore salteño: el cuarteto vocal Imán y Marcela Ceballos, despuntando la madrugada.
El amanecer de Palavecino
Tras la tormenta que abatió Cafayate al atardecer y la suspensión obligada debido al mal tiempo, se reanudó tres horas más tarde la Serenata del sábado, cuando el cielo comenzó a despejarse. Apuraditos y uno tras otro desfilaron los artistas de la noche, relojeando siempre el tiempo para la subida puntual de Palavecino, pautada para las seis de la mañana. Ante un predio repleto (casi como la noche anterior, en que se agotaron las localidades bien temprano) y una vez seco el escenario, Carlos Martinez puso el broche de oro al tributo a Eduardo Falú, el artista homenajeado durante toda la Serenata. La ovación para los acordes de "La Cuartelera" se escuchó en el comienzo y en el final del tema, y la emoción sobrevoló el escenario Payo Solá.
Luego, Rudi y Nini Flores ocuparían las tablas para despegar con su música a la gente de sus asientos, con una acertada elección de un repertorio litoraleño bien popular. La delegación de Salta se presentó con el conjunto los Serenateros de Salta, Los Treshumantes, Lucía Guanca, Nahuel Ruiz, el Marucho (el niño ganador de Talento Argentino) los ballets Horizontes y La Salamanca y el desafío de cuarteto de malambo entre Zupay y Corazón Salteño). Mariana Cayon, Guitarreros (recientes consagrados en Cosquín) y las Voces de Orán, fueron la antesala a la presentación de Palavecino. Los más ovacionados y la sorpresa: el Dúo Suárez-Palomo, los únicos que lograron sacar un bis gracias al pedido insistente de la platea, (más tarde el grupo Yuchan junto a Roberto Pérez (ex Tucu Tucu) no lo logró, a pesar de los pedidos.
Nada de lo que se diga será nuevo, la tradición está impuesta: más de tres horas de espectáculo, al cierre con el sol pegando en las montañas y los sonidos de "Amor Salvaje" despertando a la mitad de un pueblo. La otra mitad seguro estaba en el predio. Profeta en su tierra (la salteña) es ídolo en Cafayate, y dio por sentada una vez más su impronta de artista popular. Comenzó a cantar luego del "Buenos días Cafayate" sin interrupciones hasta la canción número diez, en que presentó a sus músicos, luego continuó con más, hasta el amanecer. Los bises llegaron cuando las campanas de la iglesia cortaban el aire de la mañana, y por un largo rato más, el Chaqueño Palavecino cantó. Hasta que dijo "hasta el año que viene", cuando seguramente vuelva a cantar, despertando al pueblo y sus duendes que duermen cobijados por la alameda.
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