Amanecía el viernes 28 de enero y en la Próspero Molina, el Chaqueño Palavecino aún sobre el escenario, cantaba los últimos versos de Amor Salvaje. La promesa se cumplió. Minutos después de las tres de la mañana, recién subido al escenario- había dicho que cantaría hasta el amanecer, y así fue.
Recordando viejos tiempos, y luego de los consiguientes idas y vueltas (de cantar temprano y poco o tarde y mucho) el gaucho salteño destapó el cofre de sorpresas.
La primera y más festejada (sobre todo por la gente que rondaba por fuera la Próspero Molina)) fue el recorrido realizado por las calles de Cosquín a caballo, luego de cantar dos temas en el escenario de los espectáculos callejeros de la plaza San Martín.
Mientras las imágenes se repetían en la enorme pantalla que ilumina la plaza mayor, algunos aplaudían; otros sin entender preguntaban y otros (sobre todo los de las filas más caras), al ver que el salteño cantaba gratis a tres cuadras, se quejaban. Al tiempo que todo eso sucedía, el Chaqueño avanzaba a galope limpio por la calle Tucumán, entrando por la derecha del escenario ante una plaza llena (sin alcanzar el número de Jorge Rojas la semana anterior).
Palavecino revolucionó el ámbito festivalero y subió la adrenalina de una noche que venía apurada, como es costumbre cuando el salteño copa la grilla en los festivales.
En el comienzo, allá por las diez de la noche, la novena luna coscoína se encendía con Sergio Galleguillo plantando la bandera riojana sobre el escenario. Chaya, carnaval y recuerdos de provincia, bajo un cielo estrellado.
Ramona Galarza, de impecable blanco, hizo honor a aquel título de “Novia del Paraná” que se ganara en los años sesenta, cuando el folklore era un boom taquillero y se multiplicaba en las películas de la época. Su voz todavía espléndida puso bien en alto al litoral, y se fue ovacionada por la plaza.
Los mendocinos Tilín Orozco y Fernando Barrientos acompañaron la noche calurosa con temas de su último disco, Pulpa y cerraron con Celador de Sueños. Otro dúo, el de Cuti y Roberto Caabajal, mecharon chacareras santiagueñas para bailar un rato antes de que Rubén Patagonia llevara sus loncomeos y rituales al escenario. Sur, Chaltén. Se fue ovacionado. Al igual que el cuarteto vocal Guitarreros, salteños (como el grueso de artistas de la grilla) cuya convocatoria y repercusión en la plaza hace pensar en el título de consagración, o al menos entre los nominados.
En una noche especial, con una grilla reducida pero obligada a apurar el paso, se llegó a las tres de la mañana como se había previsto, con la cancha libre para la presentación del Chaqueño Palavecino. Paola Arias, Marcela Ceballos, el Ballet Salta y el grupo Murmullos, hicieron la previa antes de la caravana “chaqueña” hacia el escenario mayor. Luego, la fiesta del Chaco Salteño se instalo en la Próspero Molina hasta el amancer.
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