La piel, el alma, el aire, la tierra, el fuego, el agua y esa luna que se deja entrever entre las copas de los árboles e ilumina el espacio terrestre – a simple vista, terrestre- donde la peña de Paola Bernal funciona para activar sensaciones, mantras y liberar karmas.
Justo en el momento que las revoluciones del festival de Cosquín se acomodaban para convertirse en rutina, la artista local propone su peña De La Piel Al Alma, en un ámbito muy alejado de las tradicionales que rodean la Plaza Prospero Molina.
El paisaje es distinto. Mas allá del marco que ofrece el río (Villa Pan de Azúcar, donde se juntan el Cosquín, el Yuste y el San Francisco), hay colchones inflables sobre el pasto, dibujos en el pedregal, escaleras de piedra y velas rojas que iluminan lo suficiente un escenario improvisado, una barra de tragos y comidas a precios módicos y un enorme tacho lleno de hielo que hace las veces de refrigerador. Los troncos de los árboles funcionan como mesas y sillas.
La entrada es gratuita, comienza a las 21 horas y hay una propuesta musical por noche. En la primera (el jueves 28 de enero, a la hora que el Chaqueño Palavecino entraba a caballo en la Prospero Molina), el dúo Orozco Barrientos encaraba un concierto acústico bajo las estrellas junto a la Bernal con una versión de Pulpa que convertía aquel espacio terrestre en otra historia.
La segunda jornada – el viernes- tuvo a minino Garay, y la Banda Inestable. Tambores creados con elementos cotidianos como baldes, cacerolas y platos hicieron las veces de percusión. Invitación al baile frenético.
Al costado, el mismo río, que fuera testigo en otras épocas de encuentros de poetas como Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana, Hugo Díaz, y Ariel Petrocelli, pasa lento hacia su destino. Él también es parte de ese otro paisaje necesario del que pocos- sólo los que son capaces de sentir la libertad- pueden entender.
P.D.S. |