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47º Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María
Noches de coraje y poesía
desde Jesús María, Córdoba . 13.01.12r
 

Pasada la primera semana de enero, luego del brindis, el descanso de la vorágine de las fiestas y junto con el remanso de los ríos que corren por las sierras, en la provincia de Córdoba comienza la época de festivales de folklore, que unida a otras regiones del país, convierte el verano en un abanico de posibilidades para disfrutar de nuestra música.

La edición número 47º del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María -que transcurre en estos días, a partir del viernes 6 de enero hasta el domingo 15- contiene todos los ingredientes de una fiesta campera: jineteada, gauchaje, folklore y tradición, con un detalle relevante que lo diferencia de otros festivales: una parte importante de la recaudación se destina a ayudar a escuelas rurales de la zona.

El combo Jesús María no sólo comprende la jineteada y el espectáculo  musical: el público sobre las tribunas es en sí mismo un gran espectáculo  digno de mencionar y muchas veces es parte importante del espíritu del encuentro. Cuando los locutores de la doma le ponen énfasis a algún movimiento de los jinetes (que compiten en las categorías crina limpia, basto con encimera y gurupa surera), la gente participa con gritos, aplausos y vivas. Cuando los artistas sobre el escenario invitan al baile, los espectadores siempre están dispuestos. Botas de potro, alpargatas, tacos o mocasines. Cualquier calzado vale para un buen zapateo.

Cuanto más es la arenga desde el escenario, mayor la respuesta hay en la gente, que además, pasa mate de mano en mano, comparte enormes vasos de cerveza y fernet, degustan comidas típicas en los puestos instalados en torno al campo de doma y deambulan por el amplio anfiteatro José Hernández. De allí al escenario Martín Fierro pasean las miradas y los oídos del público que, según la jornada -hasta la fecha- fue variando en gustos y estilos.

Musicalmente, el festival de Jesús María no se aleja de la estructura folklórica y los artistas convocantes. Acaso le juegue en contra algún número ignoto en medio de contundentes,  prestigiosas o populares actuaciones, como la de Carabajales el viernes 6, la de Jorge Rojas el sábado 7, las de Jairo, Teresa Parodi y Raly Barrionuevo, el domingo 8 de enero, o la noche del miércoles 11 en la cual, por la lluvia del martes 10 se unificaron las actuaciones de Abel Pintos y el Chaqueño Palavecino.  

Promediando el Festival

A cuatro días del cierre (aún transcurre la del jueves y faltan las de viernes sábado y domingo con Soledad, Peteco, Los Manseros Santiagueños y León Gieco), cada jornada festivalera tuvo lo suyo: el viernes Carabajales, el conjunto formado por Kali, Musha, Cuti, Roberto y Peteco Carabajal, pusieron el broche de oro a una noche que presentó también un homenaje a los Tucu Tucu con Carlos Sánchez, la estridencia de las quenas de la cafayateña Mariana Cayón, Alma de Luna (consagración 2011 del Festival)  y Cinco Sentidos entre otros.

Noches Calurosas a Pura Fiesta
 
La noche calurosa del sábado tuvo a Jorge Rojas como figura principal, mientras que Claudia Pirán fue la encargada de la apertura. La Copla, Los de Alberdi, el Trío San Javier, y Leandro Lovato fueron parte de la cartelera. En el cierre de la noche, Rojas cautivó al público femenino  con sus canciones románticas y agregó al espectáculo que viene realizando junto a  sus hermanos Lucio y Alfredo -una buena dosis  de folklore y danza.
La del domingo 6 de enero fue una noche especial, donde los trovadores, la canción  y el compromiso se hicieron presentes: primero con Teresa Parodi, que luego de varios años de no pisar el escenario de Jesús María, esta vez presentando las canciones de su último disco, "Otro Cantar"  y algunos clásicos que la gente agradeció, aplaudió y cantó, como "Pedro Canoero" o La Celedonia Batista". Jineteada mediante, subieron el dúo formado por Nacho Prado y Daniel Campos, con sus clásicos del folklore y el tradicional homenaje a Los Cantores del Alba.
Luego de algunas curiosas apariciones como la de Los Dioses del Chamamé, subió al escenario Jairo, que con un repertorio conocido por todos (Balacera, Carpintería José, El Ferroviario, Ave María), hizo cantar a los mayores y entusiasmar a los más jóvenes que esperaban el cierre con Raly Barrionuevo. El cantor de Frías apareció sorpresivamente invitado por el trovador de Cruz del Eje, en el final de su concierto para interpretar juntos "Piedra y Camino", y dejar la pista del baile preparada para lo que continuaría sin horario de cierre y fuera del tiempo televisivo: Una gran peña comandada por Barrionuevo, su guitarra y un puñado de chacareras, zambas, gatos y escondidos para bailar y cantar hasta pasadas las cinco de la mañana.

Otro día de fiesta se vivió el lunes, donde los Tekis y los Huayra le pusieron el color norteño al festival, junto al Negro Salvatierra y Gualicho. Los correntinos de Alonsitos, que abrieron la noche a puro chamamé, prendieron los motores de lo que un rato más tarde vendría, junto al carnaval jujeño y el color de las voces de los salteños de los Huayra. Los Tekis cerraron la noche, nuevamente con el público bailando hasta el amanecer en el pasto, que minutos antes había sido tierra de caballos y jinetes.

Todo en una noche
 
El martes 10, el cielo nublado y los más de 40 grados de temperatura que ocuparon buena parte de las charlas cotidianas y los cuerpos de la gente en Córdoba, auguraban un aguacero. Todos, menos los que estaban haciendo cola para comprar entradas para la quinta noche del festival donde como es tradición, actúa el Chaqueño Palavecino. El aguacero llegó a media tarde, y aunque todos tenían esperanzas de que despejara hubo que suspender la noche y trasladar la cartelera (y la jineteada también) al día miércoles.

Precisamente el miércoles 11 de enero fue el día de más convocatoria y de mayor adrenalina festivalera. A Coplanacu, Abel Pintos, Canto 4, La Huella, los Izquierdos de la Cueva y Cololo Macedo, programados para ese día, se sumaron las actuaciones de La Gringa, Yamila Cafrune, César Isella, Las  Voces de Orán y el Chaqueño Palavecino, del día martes suspendido por lluvia. La jornada comenzó temprano, con la jineteada arrancando a las cinco de la tarde y a las 20 el escenario Martín Fierro, con Los Izquierdos de la Cueva. El dúo salteño comandado por Tony Izkierdo y Daniel Cuevas, dieron el puntapié inicial para que el catamarqueño Cololo Macedo hiciera su parte. Al presentarse antes del horario televisivo, ambos tuvieron un poco más de tiempo que la seguidilla de números como Yamla Cafrune, Cesar Isella, Coplanacu y Canto 4, que, a pesar de los pedidos de la gente y de las excelentess actuaciones, sólo pudieron cantar  un promedio de 10 minutos. Una verdadera pena.
No obstante, cada uno le puso una pizca de vértigo al festival que, para este día y junto con la excelente organización improvisada sobre la marcha (ya que tuvieron que unificar la venta de plateas del martes y miércoles) y los tiempos exactos entre la doma y la música, redondearon la noche sin que cayera (como días anteriores) por algunos baches de varios minutos.

A la medianoche subió a cantar Abel Pintos, haciendo honor al título de su último disco, generó una revolución en la platea y las tribunas. Gritos,  flashes de cámaras de fotos y jovencitas siguiendo los (infinitos) movimientos del artista de Ingeniero White y sus canciones románticas. Promediando el set, Pintos invitó a Marcela Morello para cantar "Aventura", -tema incluido en "Reevolución"- y "Milagro del Tiempo", una bellísima zamba de Manuel Orellana. Luego de más de una hora de espectáculo, concluyó con la canción que da nombre a su último disco, secundado por Marcelo Predacino poniendo al palo la guitarra y rodeado de papelitos celestes y blancos.

Según estaba programado (cerca de las dos de la mañana) no tardó en aparecer el otro número mas esperado de la noche: El Chaqueño Palavecino, que descendió de su caballo luego de recorrer el campo de la jineteada y le cantó a la Virgen de la Peña, para luego recorrer los escasos metros que separan el campo del escenario.
De ahí en más, subido al escenario y rodeado de toda su banda, no lo abandonó por largo rato. Junto a el Las Voces de Orán y la comparsa Los Teuco completaron el torbellino de colores, canciones, tradición, ida y vuelta con la gente y una fiesta que se apropió de la platea vip, de las tribunas y en el verde del campo de la doma, que regado por el rocío de la madrugada fue testigo de las pisadas de las botas de potro, los tacos, los mocasines y las alpargatas, en una pintura que representa como pocos el universo de los festivales.

Paola De Senzi

 
 
Foto: Paul Amiune
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