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Viva el Chamamé en el Estadio Luna Park - 19 de septiembre
El Día que la Luna se hizo Chamamé
Por Cesar Tapia

Por algo más de tres horas el mítico Luna Park se transformó en esteros, lagunas y arroyos: el imaginario paisaje litoraleño que dio el marco perfecto a una noche imborrable en las retinas del pueblo chamamecero que 48 horas antes ya había agotado las entradas .

El motivo, la excusa perfecta para festejar el Día Nacional del Folklore, instituido por el decreto Nro. 3278 que recuerda el fallecimiento de dos de los máximos exponentes de este género musical, Osvaldo Sosa y don Tránsito Cocomarola, quien junto a Constancio Ager creó el “himno del chamamé”, Kilómetro 11.

Acordeones, guitarras y el clásico sapucay brindaron la música que esas más de 7.000 personas fueron a buscar.

Los de Imaguaré, con la voz cadenciosa e inconfundible de su líder, Julio Cáceres , estuvieron en la apertura de lo que en ese momento ya denotaba que sería una noche inolvidable. Qué antiguo payé tan raro, qué extraña debilidad.

Historia de vida litoral adentro, estilo innovador y una observación popular sorprendente - principalmente de wainas y gurises - el juglar de Loreto, Mario Bofill, presentó parte de su repertorio. No faltaron “Carta a un Hermano”, “Cantalicio vendió su acordeón ” y “Estudiante del interior”, actuación afectuosa y emocionante con los clásicos matices “Bofilescos”, que se vieron alterados en algún momento por uno de los los productores del evento, el mediático Nito Artaza, quien aprovecho la ocasión para agradecer a los artistas y público en general y no dejar de mencionar su pueblo natal, Bella Vista. Su retirada fue de luxe, bailando con una waina y hasta se le animó al zapateo.

La pantalla gigante fue un agregado importante. Un video recordó los comienzos de Los Alonsitos, que festejan los 23 años con la música. Ellos fueron los que trajeron el clásico chamamé festivalero y ahí sí, la platea y la popular también, todos de pie y a puras palmas, se rindieron al pedido del clásico estribillo “dejate dejate dejate, dejate dejate querer, dejá que te toque dejame , que te toque un chamamé.

Luego de besar una de las banderas argentinas que lo escoltó en su presentación , el hombre de Curuzú Cuatía, Antonio Tarragó Ros, colgó de sus hombros la verdulera y comenzó a ejecutar parte de sus clásicos. Se le sumó una de las más deliciosas voces femeninas, la eterna novia del Paraná, Ramona Galarza, quien luego de recibir un hermoso retoño de Lapacho de regalo por parte del Secretario de Turismo de Corrientes, Facundo Palma, como parte del reconocimiento por su precursor canto en la ciudad de Buenos Aires, deleitó al público con su voz cristalina y melodiosa.

El final de la gran fiesta ya se palpitaba. Y fue en ese momento cuando nuevamente la gran pantalla tomó protagonismo y por algunos minutos se recordó a las grandes leyendas chamameseras: Tránsito Cocomarola, Osvaldo Sosa, Isaco Abitbol, Ernesto Montiel , Mario Mellian Medina y Tarragó, entre otros .

De recorrida por los pasillos y butacas de la platea, Antonio Tarragó Ros tocó lo que fue su último tema solista de la noche, el telón perfecto mientras en el escenario tomaban posición los “tarragoseros”, algo más de 50 acordeonistas . Si bien estaba previsto que fueran 100, por problemas de seguros de espectáculo no pudieron llegar, inconveniente que Antonio no dejó pasar por alto y sentenció ese disgusto con un “ojalá se preocuparan de la misma manera para mejorar los trenes y demás problemas de nuestra sociedad” .

Se empezaban a escuchar los últimos acordes, y el aire porteño no alcazaba para alimentar a tantos fuelles. Niños y adultos, mujeres y hombres , le daban la última pincelada a una obra del litoral que tuvo en el cierre a todos los artistas juntos sobre el escenario para el gran cierre que se merecía ese día.

Esencia , idiosincrasia, costumbres y culturas reunidos en este género musical , que escribió una de sus páginas más importantes.

Y…¡¡¡QUE VIVA EL CHAMAMÉ !!!