Deslumbrante, su morenidad enfundada en un solero de satén violeta, provocó de pronto varios gritos masculinos en la platea. La reina del landó, como quien se mueve entre pétalos de flores, avanzaba en el escenario con la vista fija en su público. Y apenas comenzaron los bordoneos de las guitarras criollas desató el intenso torrente de su voz. Majestuosa. Se dirigió a los espectadores con un hablar pausado, para explicar que todo el repertorio a desplegar estaría absolutamente dedicado a su inspiradora musical, Chabuca Granda.
Siempre fue su deseo rendirle tributo a quien fuera su amiga, a Chabuca, la gran compositora limeña y poder cantar todos los temas que la han acompañado durante su carrera. Emocionada hasta las lágrimas, con la calidez que sólo puede demostrar una artista de su talla, mencionó sumamente agradecida que junto al productor de su último disco, Nicolás Falcoff para el sello Suramusic, pudo ver su sueño realizado y nada menos que en Argentina, donde a Chabuca se la respeta tanto.
“Lima de Veras”, “La flor de la Canela”, “Un río de vino” entre las poesías más conocidas de la prolífica autora, brillaron en la imponente voz de Eva Ayllón, también los temas más identificados con el pasado, la esclavitud y lo social con “El surco”, “María Sueños” y “María Landó”. Sorprendió sobremanera la presentación de “Cardo o ceniza”, canción dedicada a Violeta Parra por el amor frustrado con un quenista suizo mucho menor que ella y que la llevó al suicidio. La ovación la produjo “Fina estampa”, reconocido por sus múltiples versiones. El tema diferente fue “Cantedurías” donde Chabuca hace una suerte de trabalenguas. Pero sin duda la sala colmada estalló cuando Eva interpretó el emblemático “José Antonio”.
Los arreglos de todos los temas le pertenecen a Jocho Velázquez, guitarrista virtuoso de un ritmo que sólo los peruanos pueden mantener. La acompañaron en el bajo Mariano Liy, en los coros y toda la asistencia personal, su hermana Rosa Ayllón. En la percusión, congas y cajón peruano, la impronta del mulato Marco Campos, digno portador de su negrura como de su simpatía, demostró danzas y zapateos y un público más que divertido le regaló todos los aplausos.
Para sentirse en casa Eva Ayllón, a dúo con Laura Albarracín, se animó a interpretar el tango “Nostalgias” y una versión en zamba de “Alfonsina y el mar”. Fundida en afectuosos abrazos agradeció a sus invitados: el percusionista Facundo Guevara y Franco Luciani, quien en reiteradas ocasiones sumó los mágicos sonidos de su armónica al ritmo de la música criolla.
Quien haya creído que el folklore afro peruano era simplemente guitarra y cajón no ha oído la complejidad de la melodías del repertorio de Chabuca Granda, ni ha gozado de la calidad expresiva que emana de la voz y la figura de Eva Ayllón.
Eva Ayllón, intérprete magistral del folklore peruano supo innovar en su trayectoria una mixtura de ritmos afro con música criolla hasta hacerlas trascender las fronteras de su patria. Radicada hace tiempo en Estados Unidos, Eva Ayllón nunca dejó de ser peruana.
|