Un ademán de Roberto Márquez y zampoñas, quenas, cuatro, charango, guitarra, bajo, tambores y sikus sueltan climas que envuelven el Ateneo.
Detrás de esa profunda y ancestral amalgama de sonidos, llegan las canciones, esas que alegran, que duelen y que cuentan 38 años de historia de este grupo chileno que pasó por Buenos Aires en dos actuaciones -el viernes en La Plata y el sábado en Capital, con entradas agotadas -dejando sentado que 10 años de ausencia en nuestro país, no implican de ninguna manera un olvido.
Quizá un adelanto de lo que pasaría esta vez fue en el verano, cuando en una primera luna coscoína, levantaron la Plaza Próspero Molina y fueron uno de los pocos momentos relevantes de todo el festival mayor del folklore argentino.
Aquí, a seis meses de la gesta, se repite la magia.
Lo que mueve la música de Illapu -Roberto Márquez, en voz, guitarra, charango, y dirección musical; Sidney Fernández en batería; Alfredo Ulloa en zampoñas, percusión, y voz; Luis Galdames en zampoñas, quenas, saxos; Cristian Márquez en cuerdas, guitarra y voz; Carlos Elgueta en bajo y José Miguel Márquez en guitarra, vientos y voz- es lo que hay para decir, y es mucho, para un grupo de músicos a los que el exilio y las prohibiciones no han minado su esencia.
Illapu sigue allí en canciones como "Se Puede Vivir", "Amigo", "Sincero Positivo", "Lejos del Amor", "Qué Manera", y también en la bellísima "Tres Versos Para Una Historia", que rescata poemas sobre la ausencia obligada: "La Historia De Manuel" ("Aquí vivía un hombre ayer, hoy vive sólo su hijo Manuel, busca a su padre, quiere saber"); "Hasta Siempre Amor" ("Pero si muero en la desdicha de no verte más, levántate, recógeme. no ha sido en vano el sacrificio de la carne") y "Soy Parte de esta Historia" ("Usted me busca y no me encuentra, pero yo estoy aquí, soy como usted").
También en "Bio Bio, Sueño Azul" (introduciendo el canto de la mapuche Elizabeth Huenchua lsobre un poema de Elicura Chihuailaf). El reclamo es justo: la represa que se planeó construir sobre el río Bio Bio inundaría los territorios ancestrales de la comunidad mapuche pewenche: "Elel mu kechi malall, kalli amulepe ñi ko¡" ("Represas no!, que vuelva la libertad florida"). El canto vale también para nuestra historia.
Víctor Jara y Violeta Parra -no podía ser de otra manera- estuvieron presentes, en "Plegaria para un labrador", esa que dice "Levántate y mira la montaña de donde viene el viento, el sol y el agua", del poeta chileno . Luego el tiempo se detuvo cuando los versos de la "Paloma Ausente" de Violeta se dejaron escuchar.
La "Zamba de Lozano" - junto al dúo Coplanacu- y "Sobreviviendo" - con Víctor Heredia de invitado- marcaron el abrazo fraternal convertido en músca.
En tiempo suficiente como para quedarse con ganas de seguir escuchando, -un poco más de dos horas de concierto- los chilenos continuaron abriendo la noche hasta que el inevitable final llegó con "Vuelvo Vida"("Vuelvo amor vuelvo, a saciar mi sed de ti, vuelvo vida vuelvo, a vivir en ti país") y "Candombe para José, aquel tema con el que rompieron las barreras de la prohibición en los primeros años de dictadura.
La partida fue lenta, medida por el tiempo que duraron los largos aplausos, y la promesa del regreso quedó flotando entre quenas, zampoñas, cuatros, charangos y guitarras, poniendo música a las palabras que alegran, que duelen, y que cuentan.
¿Dónde se puede resumir esta historia de 38 años? Quizá en una canción de Illapu, de los últimos tiempos, donde la esencia de todo lo vivido cae en una frase: "el reinventar caminos cada día".
Paola De Senzi direccion@boletinfolklore.com.ar
|