Bailen, bailen antes que se apague la luna
brazos que son como brotes de la hermosura.
Dúo Coplanacu
Noche fresca en Buenos Aires. Sábado de luna cuarto creciente y un lugar en el barrio de Congreso, donde no se detienen los pies. Son más de ochocientas personas las que colman la sala principal del Centro Asturiano, y hacen temblar el piso de madera. Alguien dice por ahí "pobres los vecinos de abajo", como imaginando que además de todo ese tumulto de almas danzantes, hay otros escondidos en algún lugar del enorme edifico barroco.
Ese ambiente cargado de felicidad, alegría, música y vapor humano regado con cerveza y Fernet con Coca (servidos en medias botellas de plástico convertidas en vasos) es la peña de Los Cumpas. Un encuentro mensual que nace "a partir de la necesidad de reunir a los jujeños en un movimiento cultural autóctono constante en esta gran ciudad" (según explican en el sitio web), que lleva siete años de trayectoria y que trae a Buenos Aires aunque sea por unas horas, el ambiente norteño.
El nombre de la peña remite directamente a sus dueños: jujeños que crearon una manera de "peñar" (que luego fue emulada por muchos recintos folklóricos) que se diferencia de los espacios para "escuchar". Así, literalmente hablando, a nadie le importa si el sonido es perfecto, aunque el número central sea Bruno Arias, y se mande un concierto excelente, con toda su banda y con un homenaje a Ricardo Vilca en el final.
Aquí nadie encara al sonidista para que arregle la maraña de ruidos que se escucha tanto en la actuación de Bruno como en la de los demás artistas (Kaya Kama, música andina; Memo Vilte de Purmamarca y los Hermanos Herrera de Santiago del Estero. La consigna es bailar. Prueba de ello es la diferencia en número que hubo en la presentación de (ex) Changuito Volador. Horas antes, la multitud que bailaba doblaba el número.
Nadie se sienta (aunque, en forma de círculo haya mesitas rodeando el gran espacio convertido en pista). El que no sabe aprende o intenta; el que sabe hace alarde de sus movimientos y también está el que aparenta saber y bracea al son de un carnavalito. Todos se divierten, cada uno a su manera y sin mirar al otro, aquí no hay caretas ni miradas acusadoras, todo es baile y alegría.
Con la luz primera del domingo llega el final, y con los últimos sonidos del baile colectivo, la historia culmina en el Centro Asturiano, hasta el próximo mes, cuando Los Cumpas vuelvan aconvocar a una multitud de pies inquietos, que baila un ritmo que sólo -no hay otra manera-puede imaginar.
Paola De Senzi direccion@boletinfolklore.com.ar
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