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Mariana Baraj en el Teatro IFT
Luz para crear sobre lo creado
 

Arriesgada -y con talento para hacerlo- como pocas, a la vez con el pie en lo tradicional, Mariana Baraj presentó en el Teatro IFT un avance de su próximo disco, "Churita", y recorrió buena parte de las canciones de sus anteriores trabajos "Lumbre" (2002), "Deslumbre" (2005) y "Margarita y Azucena" (2007).

Promediando la noche, la pata femenina de la musical familia Baraj interpretó a capella "Jantun Illimani", bellísima composición de la artista boliviana Luzmila Carpio. El aire del teatro desapareció durante esos minutos, la respiración contenida volvió a ser (convertida en) ovación en la última nota de la elegía, dedicada esa vez -una más- a Mercedes Sosa.

El concierto de casi dos horas del sábado 17 en el teatro del barrio de Once no tuvo ni un segundo desperdiciado. La misma sensación creada por Jantun Illimani, se repitió en varios momentos de la noche, con diferentes climas. La artista paseó por infinitos ritmos musicales, la mayoría de raíz folklórica y latinoamericana. El viaje fue de una vidala como "Cholita Traidora" hasta "Ya viene la triste noche", baguala de Leda Valladares, subiendo a la "Chacarera Santiagueña", bajando a la "Zamba Soltera" de Cuchi Leguizamón, a dúo con Lucio Mantel, (que ofició de artista soporte). Mantel desplegó en el comienzo un manojo de canciones de su disco debut "Nictógrafo", con muy buena repercusión en el público.

La puesta en escena creada por Martín Churba tuvo mucho del norte: cardones de cartón, colores de la tierra, luces al tono, instrumentos de percusión que se introducen en el paisaje y forman parte de él.

Los invitados de la noche formaron parte de cada clima y lo nutrieron: Camilo Carabajal, Marcelo Baraj y Rodrigo Quiroz en percusión para el comienzo con la vidala "Yo soy como el tigre viejo"; Alejandro Franov en acordeón y cuerdas y Bernardo Baraj, vientos en delicias como "Posadeña Linda" de Ramón Ayala o "Tonada de Otoño" de Jorge Sosa y Damián Sánchez.

Cuando Mariana retoma los tambores, las cajas y los accesorios de percusión, vuelve al viaje tribal en "El Cardón" de Gustavo Santaolalla, "Los Ejes de mi Carreta" de Yupanqui y "Y ya me voy"- otra vez Leda-. Cuando toma el micrófono, se multiplica en su misma voz en los coros de "Margarita y Azucena".

Y un final que buscó experimentar con los sentidos. "Maldigo del Alto Cielo" fue el cenit de la noche. La versión apocalíptica volvió a crear esa sensación de respiración contenida. Esta vez, recreando los versos angustiados de Violeta Parra ("maldigo lo perfumoso/ porque mi anhelo está muerto").

De allí partió el sonido final al que se sumó la vientista e investigadora Nuria Martínez desde el fondo de la platea junto a su banda de sikuris. Luego, la comitiva completa aterrizó en el hall del teatro. Batucada folklórica la del final. Otro -el más improvisado- de los infinitos antojos experimentales -fantásticos, e inagotables- de Mariana Baraj.

Paola De Senzi direccion@boletinfolklore.com.ar

 
 
 
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