Hay una palabra, -y su forma adverbial - que se repite en algunas canciones de Teresa Parodi y dan cuenta de su propia esencia. En "Creo", por caso (nuestra rebelión/ de amorosa vida); en "El Río que Suena" (las coplas se reparten/ como amoroso polen); en "La canción es Urgente" (que nos una, amorosa), y en esa maravillosa elegía que declara a su amiga Mercedes Sosa, "madre cantora amorosamente en llamas ". Y -se sabe- esta no es una simple y caprichosa repetición de la palabra, sino eso que lleva implícito su corazón de pájaro.
Los ojos de Teresa miran profundo. Viendo a cada mortal sentado en las butacas del teatro Metropolitan el viernes 27 de noviembre por la noche, en la primera de las dos funciones en que presentó su último disco. Y con voz casi quebrada, con ternura, pregunta "¿están bien?". Las luces de la sala quedan encendidas un rato más, aún cuando el primer acorde de "He Visto al otro País" suena. Y ella cierra los ojos.
Y entonces, se ilumina su historia: la de la luchadora, la de la maestra rural que fue, la hacedora y funcionaria de hoy, la Teresa del cielo del albañil, y la que hoy abre la puerta para dejar entrar a la cantora, la que se dejó llevar por el placer de sobrevolar su historia musical.
Ahí está Teresa, frente a un teatro que la ve en ese escenario inmenso en el que pasan cada una de las canciones (casi respetando el orden original del disco), y coronándolas con la historia personal que habitó cada una. En "Primera Soledad" de Armando Tejada Gómez, una entrañable escena familiar con su hijo de siete años yéndose de casa; en "Me Gusta Jujuy cuando Llueve" de Yunes Castillo y Iacopetti, su amistad con el poeta Jorge Calvetti, "que me hizo conocer Jujuy antes de conocerlo"; la necesidad de grabar la "Oración del Remanso", por su relación y conocimiento profundo del río y los pescadores de Remanso Valerio, al que le canta la canción de Jorge Fandermole; y de todas y cada una, "porque tenia ganas de cantarlas".
Como en el disco también, Horacio Molina en "Corazón de Pájaro" y Mariana Baraj en la bellísima "Tarumba", en "Romance de Infancia y Barrio" y en "Paloma, Palomita", acompañaron a Teresa en vivo. Marcelo Perea, productor de "Corazón de Pájaro", puso su piano en "Me Gusta Jujuy..."; "Pastora de Soledades" y "La Paciencia Pobrecita" -que en la grabación fue hecha por Oscar Alem- y los músicos Ramón Córdoba, en guitarras; Lucas Homer en bajo; Fernando Correa en acordeón y el genial Rodolfo Sánchez en percusión, prestigiaron cada nota con su aporte.
En la inmensidad del escenario, Teresa Parodi, la amorosa cantora, la maestra, la luchadora, la que habla con ternura, la que canta "Esa Musiquita" del pueblo y se entusiasma chamameceando con el "Che Rubicha" último de la noche, comparte "esta aventura de cantar canciones no mediáticas". Está de pie y no está sola. La acompaña un universo de almas que se nutre de su amor y su canto, y buscan sus ojos azules profundos, que miran a todos y cada uno. Mientras, como diría María Elena Walsh en otra de las maravillas que sonaron esa noche, afuera llora la ciudad tanta soledad.
Paola De Senzi direccion@boletinfolklore.com.ar
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