El sábado 29 de mayo en La Trastienda, el local del barrio capitalino de San Telmo, ocurrió un hecho que bien podría trasladarse en tiempo y forma a los años en que el folklore "joven" explotaba por todos los rincones del país, y especialmente en Buenos Aires, gracias al desembarco (y consecuente delirio) que provocaban grupos como Los Nocheros o Los Tekis.
La fórmula de generar un clima en una sala colmada, mediante buenas voces, sonido potente y conexión directa con el público, la aprendieron bien los Huayra, dueños absolutos de la noche del último sábado de mayo.
El sexteto salteño ha venido sólo tres veces a Buenos Aires: la primera, en el año 2005 con un primer disco bajo el brazo, presentándose en este mismo escenario; la segunda, para presentar "La Voz del Viento", el segundo disco, en otro teatro de la Capital Federal, con buena convocatoria. Esta vez, la excusa fue el tercer trabajo discográfico, "Código de Barro", donde los músicos ponen de manifiesto el estilo marcado de un grupo que - según cuentan ellos mismos- se dedica a hacer música argentina con tonalidad salteña "porque somos de allá y no podemos evitar que nos salga".
Así, con esa impronta de folklore joven, aunque alejados de aquel efectivismo de "canciones melosas que hacen suspirar chicas", los Huayra, repasaron el último disco, cantaron canciones de los otros trabajos discográficos, demostraron que son excelentes compositores y dejaron en claro su origen, con el acento puesto en los clásicos del folklore del norte.
Sin fisuras en los arreglos en vivo, con las voces a pleno (imposible dejar de aplaudir al solista Juan Fuentes, que cada día canta mejor), y la simpatía a flor de piel, Los Huayra se cargaron a Buenos Aires en los hombros.
Sólo faltaba confirmar la ocupación de esta plaza, la más difícil, y ponerle el cartel de reservado, para demostrar que son los únicos que alcanzaron separarse del común de los grupos que pululan (por cientos) dentro de su estilo, sólo por alcanzar, ni mas ni menos, el grado de la excelencia.
PDS
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