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Marilina Mozzoni en el Tasso
Delicada criatura perfumada de tango

09.06.10
 

Parece como si Marilina Mozzoni hubiese cantado tangos toda su vida. Se siente cuando uno la ve sobre el escenario moverse, desplegar su encanto y su voz, preciosa, de tintes que transitan por la delicadeza y la sugestión, a veces por la sonora emoción. Parece, decimos, porque esta cordobesa que nació en Oncativo y que hoy, radicada en Buenos Aires presenta su primer disco -"Punto Cardinal"- comenzó su carrera como cantante de folklore y música popular, llevándose los laureles de los festivales más importantes de folklore del país.

Pero la esencia estaba. Aquella niña que se escuchó en el final de la presentación del disco en el Torquato Tasso, la fría noche del miércoles 9 de junio, era la misma que minutos antes, sobre ese escenario, emanaba un perfume irremediablemente tanguero. La pequeña que se escuchaba en off, con la sala a oscuras y en silencio no era otra que la Mozzoni a los cinco, seis años, entonando con sentir arrabalero, "El Bulín de la Calle Ayacucho", un tango de Celedonio Flores incluido en este primer disco.

La carrera de Marilina es tan extensa como interesante. Estudió canto en la escuela de artes La Colmena de Córdoba, y luego transitó con éxito los principales festivales de folklore del país, destacándose en Villa María y Cosquín. Su escala en Buenos Aires, sin embargo, la atrapó con los sonidos del 2 x 4, al recorrer los barrios con su arte a cuestas, mientras iba y venía a su provincia natal. En el año 2004, ganó el “Certamen de tangos Hugo del Carril” organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y de allí en más, ese ritmo formó definitivamente parte de su repertorio.

"Punto Cardinal" es un disco mayormente tanguero, aunque deja entrever, con algunos guiños como la zamba "Alfonsina y el Mar", su raíz folklórica y de tierra adentro. En la noche del Tasso, uno de los momentos más intimistas y especiales lo protagonizó precisamente con esa composición de Ariel Ramírez y Félix Luna, acompañada por el maestro José Luis “Pepe” Motta en el piano.

A la luz de las velas, y con "Cuestión de Ganas" y "Che Bandoneón" (un homenaje a Rubén Juárez) en el comienzo, siguieron "El Corazón al Sur", de Eladia Blazquez, "Tu Pálida Voz", y "Viejo Ciego", de Homero Manzi, y "La última Curda" (maravillosa versión del tango de Troilo y Castillo), recordando a Roberto Goyeneche.

Siguió luego el recuerdo a Piazzola, con "Chiquilín de Bachín" acompañada de un conjunto de cuerdas con arreglos de Pablo Motta, -además director musical de la excelente banda que la acompañó esa noche, y del disco-; con Matías Rubino en bandoneón, Daniel Patanchón en guitarra; Christine Brebes en violín; Fernando Bruguera en piano; Jorge Bergero en chelo; y Mariano Rizzo en percusión.

Junto a Mavi Díaz, una de las invitadas (también lo sería Alfredo Piro, pero no pudo estar presente), interpretó "Te llaman Soledad", también de Eladia, acompañadas por Patanchon en los solos de guitarra.

Deliciosas versiones de "La Flor de la Canela" y el candombe "Oro y Plata", marcaron el cierre, dando paso a la pequeña Marilina, desde la oscuridad de la sala, cantando en su Oncativo natal, el tango de Celedonio Flores. Tomando las riendas sobre el escenario, la Mozzoni de hoy, cerrando el círculo que guarda aquel perfume a arrabal, con mezcla de tierra adentro, provincianía y encanto, eso que algunos artistas, llevan en su andar.

PDS

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