Es probable que la crónica más caliente sobre una actuación de la Orquesta Típica Fernández Fierro, sea la que se escribe inmediatamente después de ver un concierto en vivo de este colectivo de músicos que lleva diez años de carrera. Esto es por el recuerdo todavía caliente del momento, o acaso por el vapor que irradian esos instrumentos incendiados por el devenir intenso de su música.
La OTFF, nació en el barrio de Abasto, desde donde se proyectaron, partiendo del Club Atlético Fernández Fierro, -su propio reducto de la calle Bustamante-, a pocos metros del lugar donde vivió Gardel. Esta cooperativa de músicos se rige bajo el signo de Pugliese -según dicen- y de un estilo, que a pesar del cliché publicitario ("lo más rockero del tango, lo más tanguero del rock") al cabo es tango, y del mejor.
El jueves 15 de septiembre, la OTFF tocó en el Teatro Libertador de la ciudad de Córdoba derramando arrabal por los cuatro rincones de una sala colmada.
La escena es la banda misma, y detrás, el logo característico: una fonola incendiándose, como para que no queden dudas de qué va la cosa. Federico Terranova, Pablo Jivotovschii, Bruno Giuntini, Juan, Charly Pacini, Alfredo Zuccarelli, "El Ministro" Eugenio Soria, Pablo Gignoli, Julio Coviello, Yuri Venturín, Santiago Bottrolli y Walter “Chino” Laborde: tres violines, cuatro bandoneones, piano, contrabajo, cello y viola más un cantor con (buena) voz, cuyo vestuario (y el de la banda) es remera, jeans y zapatillas salvo en ocasiones en que el repertorio requiere mutar en algún personaje, casi siempre del bajofondo. Con este bagaje, la OTFF compromete el talento en favor de un gran espectáculo, aquí en Córdoba con un recorrido por sus discos, y algunos temas inéditos que formarán parte del próximo trabajo.
Sonó "Bluses de Boedo", "Azucena alcoba", "Niebla Dura", "Seis puntos", "Deseo", "011", "El Milagro, "Lengua seca" y "El Silencio". Temas propios y de clásicos como Piazzolla, Coviello, Pugliese, Jaime Roos, entre otros. "Despedida" (de Rubín, Diment y Venturín) marcó el comienzo de la actuación, entre un torbellino de fuelles y violines que genera tensión y, como alguna vez dijo Yuri en una entrevista: "Una onda histérico-taladrante. Lo que buscamos no es precisamente generar una situación complaciente, sino inquietud, desesperación y duda." (NR Página/12, 2006).
Luego sigue la calma de una sola cuerda, sensualidad, dulzura y nuevamente arranca el aire denso, los fuelles estirados, los cuerpos en movimiento, y las palabras: de "La radio escupe y chilla su marketing de baba/ silbando mil milongas yo me abro calle" (Bluses de Boedo); a "Ella le dio tanto y el se le piro de allí" hasta la certeza dela bellísima "Las Luces del Estadio" de Roos: "Todos hemos pasado alguna alborada / Por la puerta del bar donde pasa la vida".
Llega el final, todo pasó tan rápido, la música, los sonidos, las palabras pero quedan esos tangos arrastrados, el rock arrabalero de empedrado, que transporta a esa calle del barrio del Abasto, donde sigue sonando una milonga, mientras aquí en Córdoba, queda el aire espeso, tenso, excitado por los acordes que la Orquesta la Típica Fernández Fierro dejó una noche.
Paola De Senzi |