Se cierra el año, pero las músicas siguen abriéndose paso. En la intimidad de No Avestruz, el folklore se viste distinto, se proyecta diferente, transita múltiples caminos.
Es domingo y a pesar de la lluvia intermitente y poderosa que cae sobre Buenos Aires, la sala está llena. No queda grada, ni almohadón, ni sillón sin ocupante.
Un último show en 2011 reúne dos propuestas hondas, interesantes: Guay Dúo y Changuito.
Las melodías corren de a dos, entre la voz y la guitarra de Tomás Crego y el piano y los coros Cato Fandrich. Con un repertorio que aborda con atractiva obstinación “el intento de explorar y disfrutar el mundo de sonidos que se despliega a lo largo y ancho de Latinoamérica”, según ellos mismos dicen, aparecen obras de Fandermole o Pedro Aznar y otras tantas propias. Y son, cada una, una caricia, un elogio de los volúmenes mínimos, de la sutileza en los matices. Un puñado de canciones como arrullo y se abre paso a la propuesta de Changuito, un cuarteto que renueva claramente el folklore actual y del que probablemente se escriba mucho más.
Alejandro Shmidt en Percusión, Carolina Donati en voz y chirimbolos Gervasio Zaldivar en guitarra e Inés Eckell en flauta traversa y voz inician su show caminando en entre el público, cantando y percutiendo variados instrumentos.
Changuito seguramente no sea un nombre casual para esta agrupación que, con alma de changuitos, hace música, pero también ríe con la música. Y juega.
“Gato con advertencia” y “Temporal” son el punto de partida del concierto, composiciones con algunos gestos de vanguardia con música de Gervasio Zaldivar.
Lo lúdico emerge en toda su dimensión con un set para niños y “Coya chiquitito”, la “Chacarera de los gatos” y el “Chamamé del piojo”.
Changuito tiene la particularidad de hacer suya cada obra y entonces “Si llega a ser tucumana”, el “Gatito de las penas” o la “Chacarera de un triste” cobran vuelo propio, entre arreglos de guitarra, líneas de flauta o arriesgados contratiempos en la percusión. La voz de Caro Donati, exacta y expresiva, cuenta cada historia y la hace crecer en su interpretación, secundada por las armonías de Inés Eckell, que por momentos se acercan a aquellas del mítico Dúo Salteño.
Más de dos horas de música se cierran con Guay Dúo y Changuito que juntos recorren las estrofas de “A Monteros” entonadas claro, también por el público.
El año se termina, pero la música crece y se renueva y seguramente, estas dos propuestas darán que hablar en 2012, por su hondura, por la pasión de cada intérprete que, sin esconderse como el avestruz, muestra todo lo que tiene para dar.
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