Hay artistas que sobre un escenario transmiten algo más que arte. En el caso de los músicos, hay algunos cuyas canciones inducen a un juego con el público e implican un ida y vuelta. Para otros, son sólo canciones.
La uruguaya Ana Prada conoce bien el camino por donde van sus canciones y las plasma sobre los escenarios, con una belleza que, por ejemplo, en ciertos momentos pueden ser catarsis para algún dolor y otras, una dosis de alivio y alegría. Es sentir esa levedad que llega con la voz de Ana, y olvidarse de las tristezas.
La cantante y compositora uruguaya se presentó en Córdoba el viernes 4 de noviembre, mientras en Buenos Aires continúa con un ciclo en el Café Rivas denominado "Tu Vestido y el Mío", donde comparte esa prenda con diferentes artistas. Sobre el escenario del Salón de Actos de la Universidad de Córdoba, lo hizo junto a Lea Bensasson, también uruguaya, que abrió la noche junto al guitarrista Diego Rolón con un espectáculo inyectado de humor y algunas de sus composiciones, como "No son Rosas", "Crochet" -dedicada a su madre- y "Prudencia".
Más tarde, Ana contó que vino a la provincia muchas veces, y que la conoce bien porque su tío, un maestro rural, llevaba a la familia a recorrer las escuelitas donde trabajaba. Ya artista, se presentó con tanto éxito, que quedaron ganas de volver.
Y así lo hizo el pasado viernes, a sala llena, junto a Juan de Benedictis en guitarra; Ariel Polenta en teclados; Julián Semprini en batería y percusión; Fernando Mantarás en Bajo y sus canciones: "Tentempié”, “Tres llaves”, “A veces”, “Salud por mí”, “Adiós” (grabada por Teresa Parodi en su último disco), “Brillantina de agua”, “Tierra adentro”, “El tero” y “La entalladita”, de Amparo Ochoa, la que puso, aprovechando la mexicaneada, de banda de sonido para agradecer a la productora ¡Viva Zapata! que hizo posible la llegada a Córdoba. De paso, bromeó, bailó, contó historias y comulgó con el público casi como en una guitarreada. También se dio el gustazo de invitar a Emiliano Zerbini para hacer la "Zamba por Vos" -y de paso homenajear a su coterráneo Zitarrosa-, y a Sebastián Milani, (que a su vez la tiene de invitada en su próximo disco), a cantar "La Maleta".
Con esa intensidad transcurrieron las -casi- dos horas de concierto donde se sumaron para el final Lea y Rolón en "Mandolín", y “Sal y agua”. Y hubo baile, arriba del escenario y en la platea.
Vestido y borceguíes blancos, rulos desprolijos, prolijamente dispuestos sobre el rostro, y ese andar liviano, ese acento campestre y fresco que llega a todos los rincones del alma. La voz y la presencia de Ana Prada -¿faltó decir: maravillosa artista?- sobre un escenario cordobés dejó un tendal de emociones y catarsis para ir a dormir sonriendo y tarareando sus canciones. No es poco.
Pao De Senzi |