Es viernes en Buenos Aires. La noche, condensada de humedad, se expande entre un cielo negro y tráfico urbano. Ya lejos de la avenida, el silencio gana apenas lugar, pero pierde la partida.En Café Vinilo comienza el rito de la música y el jazz se abre paso sobre el escenario.
Allí está Brote. Cuatro hombres que parecen sigilosos, pero que traen consigo una música propia, alejada de los clásicos standard. Decididos a presentar “La urgencia de lo incierto” –su segundo trabajo independiente- en el mismo orden en que ha sido grabado, dan el puntapié inicial con “El jefe”. Los vientos juegan entonces a superponerse, con melodías diversas a veces, idénticas otras. El contrabajo, hondo y persistente, dialoga con una percusión consistente y metálica. Un solo de batería y una conclusión donde sólo se oyen los vientos se mezclan con los aplausos del público.
En seguida, otra obra del trompetista Sergio Wagner aparece, “Ornette” una provocación de swing y disonancias en honor a Ornette Coleman. Wagner, con la complicidad sonora del grupo que construye una base álgida, casi en trance dibuja melodías frenéticas con los ojos cerrados. Misael Parola retoma la obra con un solo de saxo donde el tempo muta. En una estructura de caos y calma que se reitera, Coleman es homenajeado y si escuchara, seguramente aplaudiría de pie.
Federico Llach empuña su contrabajo para recrear su obra “Gaby”, Pedro Ahets Etcheverry toca los tambores de la batería con las manos y en seguida toma los palillos. Los vientos se suman para amplificar melodías con variaciones de intensidad y escalas que insinúan con desplomarse en un caos perfectamente organizado.
Antes del intervalo Wagner explica “estamos muy felices de compartir esta noche con ustedes, presentando nuestro disco. Ahora vamos a fusionar los dos temas que siguen en el disco: ‘Ciclotímico’ y ‘Bajo la noche’”. Con una sordina –un accesorio que atenúa el volumen- la trompeta ensaya melodías que parecen ir en canon con las del saxo. Una dinámica de rítmicas similares y melodías heterogéneas se instala sobre el escenario. A pesar de ser cuatro, logran por momentos la densidad de una big band con una potencia que, desde el escenario, invade toda la sala.
Otro tema de Llach, Jorgito, llega luego de la pausa. Allí los vientos establecen una conversación que intercala notas salpicadas con otras longevas. La percusión y las bases son exactas. Se construye un universo de silencios y susurros donde todos coquetean con una aparente imprecisión que, por supuesto, no es tal y está pactada de antemano.
La noche se cierra con un tríptico encabezado por dos obras del saxofonista Misael Parola, “Blues a el” y “Entre sueños” que trazan atractivas progresiones y sonoridades,tal vez bajo la influencia de Dave Holland o el mismísimo John Coltrane.
El punto final llega de la mano de “Enjoy” y ecos oscilan entre el free jazz y el acid jazz. El público se suma a la propuesta de disfrutar y corona la reunión con sus aplausos.
Brote es un cuarteto de jazzistas que se instala en el riesgo y en las paradojas. Porque un brote es, según la Real Academia, un “pimpollo o renuevo que empieza a desarrollarse” y ellos lejos están de tener una sonoridad de iniciados.
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