En la voz de Adriana Celiz conviven muchas mujeres. De esas que estremecen el alma, desde la palabra, o desde el recuerdo de alguna historia. Y nadie mejor que ella para formar parte de un ciclo que homenajeó a la mujer en el Paseo del Buen Pastor. Allí donde una cárcel de mujeres ocupó los años más oscuros de la historia cordobesa, hoy a la luz de las farolas de los espacios verdes y la nueva fachada, el escenario cobijó a cuatro mujeres para la semana dedicada a ellas: el martes 1 de marzo, la percusionista Viviana Pozzebón junto a Liliana Zavala, y el jueves 3, la Celiz junto a Karina Piscitello.
Adriana es una trabajadora incansable de la cultura musical cordobesa. Es docente, e impulsa junto a otros músicos la movida independiente de Córdoba, poniendo énfasis en la relevancia de la música latinoamericana.
Entonces allí sobre el escenario del buen Pastor, puso a la luz su talento de intérprete en canciones de Violeta Parra, Teresa Parodi, Chabuca Granda, José Agustín Goytisolo, Kali Carabajal, Inti Illimani, Maria Teresa Vega y Roberto Darwin; y el de autora y compositora -en este caso las canciones elegidas fueron para homenajear al género-, como "Canto a la Mujer" o "Juana". A esta artista cuya voz transmite una calidez especial, todos los ritmos le caben perfecto: desde una chacarera hasta una saya bolivina, un chamamé, una cumbia colombiana o un candombe. Adriana es además autodidacta en cuanto a instrumentos típicos, y difusora de otros ritmos. Y es, por ser mujer, ella misma un homenaje al género que muy bien representa.
La historia fue distinta el viernes por la noche, en el Espacio Cultural Casa Grote, en el barrio General Bustos de la capital cordobesa.
Cerca de la medianoche, y como parte de las actividades que el espacio programó para el "mes de la mujer" (habrá charlas, debates, muestras y espectáculos musicales) otras dos damas del entorno musical de esta provincia, fueron parte de la historia.
Por un lado, Silvia Lallana, que cada día canta mejor, que elige un repertorio que le queda perfecto (por si alguna duda hubiera sobre lo bien que le queda) y que reparte su voz magnífica entre el folklore y el tango, acompañada de Carlos Nieto y Luis Novarino: "Naranjo en Flor", "Tinta Roja", "Balada para un Loco", "Honrar la Vida", "Nada" o "El Himno al Amor", como homenaje a Edith Piaf, interpretado maravillosamente a capella, mientras en la intimidad del teatrito del Grote el aire quedaba suspendido por unos instantes ante semejante belleza. Lallana, mujer que ha recorrido un camino extenso por el mundo llevando nuestra música, encuentra también en pequeños espacios un lugar donde desplegar su talento.
Un pequeño intervalo y otra cordobesa, de Cruz del Eje, instaló su encanto frente al micrófono. Acompañada por Horacio Burgos en guitarra, Mery Murúa respiró hondo y exhaló canciones, que fueron diamantes en la oscuridad de la noche.
"De Buenos Aires Morena", la bella milonga de Carmen Guzmán, fue el comienzo de un set donde sólo las cuerdas de Burgos y la voz y la respiración de la Murúa fueron parte del aire. Paseó por un repertorio exquisito, de zambas ("Canción de Lejos" de Tejada Gómez); tango ("Fuimos", de Manzi, "Vieja Viola" de Humberto Correa), valses peruanos ("Puente de los suspiros", de Chabuca Granda), chaya riojana ("La Seca" de Ana Robles) y chacarera ("Nacida en Agua de Guerra" de Hugo Rivera).
Otra noche dedicada a la mujer en el marco de un ciclo que continúa -en lo musical -con Jenny Náger, Paola Bernal, Soledad Guerrero, y Alma Kala, en teatro con Pa’ Que Teatro (La copla Under) y Mariana Bonadero; y charlas y mesas de debate y exposiciones fotográficas coordinadas por el Colectivo de Mujeres Juana Azurduy
PDS
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