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Profundidad misionera en Café Vinilo

por Marina Cavalletti , 01.09.11
 

Las notas de un contrabajo se funden con una percusión tocada con escobillas y la voz de Cecilia Pahl, como arrullo relata historias de obraje montaraz entre los versos de “Amanecer en Misiones”

El litoral, un puñado de misterios en sí mismo, se hace melodía y el Café Vinilo se viste de selvas y añoranzas del Paraná. Es que se presenta “Corochiré” el primer trabajo de esta peculiar cantante que reúne una decena de obras de Ramón Ayala, sinónimo indudable del folclore litoraleño.

Con “Rumbo a Entre Ríos” el arrullo da lugar a melodías más festivas, más hermanadas con el cancionero latinoamericano más hondo.

Una obra instrumental, del talentoso guitarrista Alan Plachta interrumpe la penumbra del escenario renovando melodías en un diálogo de músicos que conmueve a los presentes con algunos cromatismos y armónicos que entretejen una canción de cuna.

En seguida, y despuntando el chamamé Carí Bandoneón, Juan Nuñez, el bandoneonista que desplegó las voces de su instrumento también en Retrato de un pescador e Irupé.

Las canciones de suceden entre percusiones de sonidos acuáticos y acordes de piano o guitarra que, entre ecos de música, sitúan al público entre la selva misionera y las aguas del Paraná

Sebastián Macchi cedió por un instante su lugar al Chungo Roy, pianista invitado, que desplegó la belleza de una guaraña clásica paraguaya: Oración a mi amada.

Sin dudas, uno de los momentos más emotivo, se vivió cuando el gran Ramón Ayala recitó e hizo voces en su tema Panambí Hovy. El autor de este inmenso cancionero litoraleño destacó el virtuosismo de Pahl y recalcó la necesidad de los artistas de vivir en contacto con la naturaleza.

“Corochiré”, como su significado de zorzal, es una canción que vuela como pájaro libre en la voz de Pahl que juega con interesantes matices y cuenta cada letra como entre susurros, con una técnica poco habitual dentro de la música popular, rindiendo homenaje a la sutileza.

El concierto llegaba a su fin, en una mixtura de climas y sensaciones que iban desde la tibieza a la alegría, el concierto llegaba a su fin y quedaba claro que Pahl y su grupo – que se completa con Beto Merino en percusión, Pablo Valotta en bajo- se superan a sí mismos, porque logran en vivo una sonoridad y una calidad interpretativa superlativa respecto de su disco de estudio.

Con el festivo bis de “Rumbo a Entre Ríos” la noche se cerraba en una jornada rodeada de selva, en un elogio de matices, en un homenaje a un cancionero poco difundido, pero no menos interesante. Y el abrazó del público llegó en decenas de aplausos.


 

 
 
 
 
 

 

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