Noveno show de Charly. Gran Rex. Tal vez sea la demostración para algunos de que la música manda. Una pantalla gigante. Fotos de las portadas de “Vida”, “Tango” o “Parte de la religión”. Fragmentos de canciones. Voz en off. Una especie de ojo gigante simulando un gran hermano.
Él, minutos después de las nueve y su banda y Piano Bar. La despedida de esa serie de conciertos y la ovación desde el inicio. “Si así están ahora, no me imagino cómo estarán al final”, dijo el hombre cuyos caprichos son leyes, ante el público de pie y el “Olé, Olé, Olé, Charly, Charly”. Y retrucó: “Hagan lo que quieran, no rompan el teatro, después hagan lo que quieran”. Se sentó al piano, comentó “este tema me gusta mucho” y siguió la “Canción de 2x3”.
En seguida, “El día que apagaron la luz” recordó la intermitente vuelta de Sui Generis con Sinfonía para adolescentes. Un puñado de canciones más abrió paso al único intervalo de la noche. Charly advirtió “ahora van a ver un video con imágenes espantosas, así que les va a gustar”. Y en la pantalla apareció un compilado de películas antiguas, entre ellas, el famoso corte de ojo de “El Perro andaluz”, de Luis Buñuel y Salvador Dalí.
Charly volvió a escena y reclamó: “Vamos a hacer un poco de Rock and roll” y los riff de “Popotitos” se amplificaron desde la guitarra de Chacorro López. “No se va a llamar mi amor” fue coreada por todos y seguida de cerca por Fabián Von Quintiero en teclados. Para sorpresa de muchos, “La Sal no sala” tuvo a Juanse como invitado especial.
Por supuesto, no faltaron clásicos como “Raros peinados nuevos” o el “Rap del exilio”. Tal vez como ironía, mientras sonaban los acordes de “Canción para mi muerte”, en la pantalla desfilaba la letra del tema que todos los presentes sabían de memoria.
El bis comenzó con la emotiva “Desarma y sangra” e in crescendo continuó con Eiti Leda. “Funky” o “Cerca de la revolución” que demostraron la potencia de la banda, aunque claramente se extrañe a Hilda Lizarazu en los coros. Rosario Ortega es prolija, pero tal vez aún necesite más tiempo para lograr la impronta y la potencia de una chica García.
Fernando Samalea dibujó nostalgias y paisajes luminosos con el bandoneón y el vibráfono y el trío de cuerdas integrado por Alejandro Terán, Julián Gándara y Christine Brebes le dio un carácter unppluged a gran parte del repertorio.
Tras veintiún temas, el público insistió por otro bis durante cinco minutos. Ya con unos pocos fuera del teatro, Charly volvió al piano para despedirse con “Anhedonia”. Todo el teatro coincidía, “gracias Charly. Gracias genio”. Eso decían. Y tenían razón. El genio está de vuelta. |