Tomando como excusa el regreso a su tierra -luego de cinco años de ausencia- y el lanzamiento de su último disco, "Corazón de Copla", la salteña Balvina Ramos fue la protagonista del primer "Encuentro de Bagualeros de Salta: Descubriendo Bagualas" organizado por el Centro Cultural América de esa ciudad.
Junto a Balvina, copleros de toda la provincia, compartieron dos días de charlas y talleres, comenzando el viernes 27 de agosto en el Centro Cultural y cerrando con un recital con entrada gratuita y solidaria (se invitaba a donar pañales para la Fundación El Niño) el sábado 28, en el Teatro Provincial.
Durante las dos jornadas, expusieron sus experiencias y cantaron a quienes quisieron escucharlos: los niños Daniel Ramón Ávalos y Maria Rosa Ávalos de La Poma; María del Valle Ontiveros y Santiago Rodríguez de Guachipas; Rufina Ranchagua y Marcos Arjona de Cafayate; Reinaga Calisaya y Marina Pantoja de La Calera; Milo Gonza de Chicoana; Noemí Tolaba de Isla de Cañas; Narciso Rojas de Iruya; Elba Rosa Castillo y Nora Tolaba de Santa Victoria Oeste; Evangelista Arjona de Cachi y Jacinto Martinez de Rivadavia Banda Norte.
Eulogia Tapia, la legendaria "pomeña" a quien dedicaron sus versos el Cuchi Leguizamón y Castilla, fue la invitada especial del encuentro poniendo la cuota de historia a este canto que tuvo de cada región de la provincia, su estilo particular.
Durante la mañana del sábado, los copleros se reunieron frente a la Plaza 9 de Julio, en el Cabildo, brindando un avance de lo que sería el cierre por la noche, durante el cambio anual de guardia del histórico edificio, donde participaron también agrupaciones de gauchos y la banda de música de la policía local.
Pero la noche tuvo la magia de la copla.
La presentación transcurrió con Balvina desplegando su voz (sorprendiendo en algunos momentos como cuando interpretó a capella la "Vidala para mi Sombra") y la picardía y lucidez de Eulogia Tapia, que se llevó no sólo todos los aplausos sino que tuvo que volver a escena ante el pedido del público.
Algo para destacar fue que a cada minuto transcurrido la timidez de los protagonistas se fue convirtiendo en la audacia para las coplas, que arrancaron risas y emociones.
Y uno veía detenerse frente al micrófono a Rufina, a Evangelista a Jacinto y a Milo, a Balbina y a Eulogia, y detrás de ellos, desaparecía el telón del teatro. Allí surgía el paisaje, mientras uno los imaginaba cantando a la luz de la luna o en la inmensidad de la puna soleada. Entonces bastaba con cerrar los ojos y escuchar sus voces para que
la ciudad y el asfalto desaparezcan.
Paola De Senzi |