¿Puede de pronto, convertirse el bellísimo sonido de un berimbao en el redoble de una chacarera?; ¿o el silencio tremendo de un sala estremecerse ante el sonido maravilloso del mbira?
Con Puente Celeste todo es posible.
Sala silenciosa la del Teatro de la Cañada, que el viernes 8 de julio fue testigo de esas posibilidades infinitas que trajeron a Córdoba por primera vez estos cinco músicos talentosos (Edgardo Cardozo en guitarras y voz; Luciano Dyzenchauz en contrabajo y bajo eléctrico; Marcelo Moguilevsky en vientos y voz; Lucas Nikotian en acordeón y piano y el mismo Vazquez en percusión y voz) que separados dan que hablar y juntos son dinamita.
La versatilidad para improvisar (o no) sobre un ritmo, generar de pronto un sonido con instrumentos atípicos (casi todos ellos en las manos de Vázquez), y luego centrar la atención del espectador en los sonidos posibles del contrabajo y los vientos, (incluido el silbido), no es otra cosa que talento sin límites.
Volviendo a la tierra cordobesa, y repasando los diez años de este quinteto, de sus tres discos (Pasando el mar, Mañana Domingo y Canciones), surgió el repertorio de la noche del viernes en el Teatro de la Cañada, donde colmaron la sala y las expectativas del público: "Otra Vez el mar", "Noche de Papel", "Mañana domingo", "Calma", "El Amor", "Chiquita", "Milonga del Bicho feo", "Tal", son canciones a veces amorosas, otras simpáticas, otras instrumentales que pasean al oído por un aire de folklore norteño, cierto jazz antiguo o contemporáneo, sonidos de Europa del este y un enjambre de nuevas experiencias sonoras tan inexplicables como maravillosas.
Con la certeza de un pronto regreso -Santiago Vazquez actuará en agosto con la Bomba de Tiempo, otro de sus (tantos) proyectos, en Capitan Blue-, Puente Celeste pasó por Córdoba, dejando la mejor de las experiencias sonoras en quienes tuvieron la suerte asistir a La Cañada, la noche del viernes.
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