De chico y sin ver del todo la película Titanic, siempre me sorprendió un momento. Era la orquesta del Crucero que, mientras se hundía, decidía seguir tocando. Y lo hacían con más fuerza y más pasión. Morían en su ley, y era, tal vez y sin herir la mejor manera de morir. O mejor aún, la más maravillosa forma de vivir.
Cuando me enteré que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat sacaban su nuevo CD y le ponían de nombre “La orquesta del Titanic” empecé a buscar información del porqué. Pero abandoné la búsqueda rápidamente. Recordé lo que recuerdo ahora y entonces entendí.
Comprendí que siempre en mis momentos los tuve presentes, en temas que marcaron mi vida y a muchas personas. Personas que saben que vivir escuchando a estos dos, es diferente…
Una puesta impresionante y de lo mejor técnicamente que se vio en el Orfeo con pantallas en donde aparecieron ellos. Dos pájaros, con las voces de ellos. Uno con pinta de ser más viejo, el otro con la fama de ser más experimentado. Así le dieron la bienvenida a “piratas, tallarines y gloriosos” y ya de entrada hicieron reír a un público asegurando que era mejor “apagar los celulares… aunque no, para que le mandara imágenes a lo que se lo estaban perdiendo”.
“Buenas noches Córdoba, es una satisfacción para nosotros volver al mediterráneo”. Así comenzó Joan Manuel para demostrar que saben ganarse al público. Aunque no haga falta. Hay un pacto de años. Inquebrantable, inviolable entre estos dos cantantes y el público argentino. Estos dos que pueden ser argentinos también y criticaron a Inglaterra con Malvinas, hinchas de Boca, amantes de Maradona, están en su segunda casa. Es un enamoramiento típico de los primeros momentos, donde hay pájaros en la cabeza. Pero con ellos es diferente. Son Dos pájaros que contraatacan.
“Dos gallegos con corazón cordobés”
Ocupen su localidad y Hoy puede ser un gran día comienzan esta gran noche. Acuérdate de mí, tema del nuevo CD es cantada por la voz inigualable del “Nano”, mientras Joaquín lo ve sentado desde una mesa con unas copas como compañía. Para luego comenzar a hacerse bromas, jugar entre ellos y con el público. El futbol fue el medio elegido para decir que Serrat era de Talleres y Sabina de Belgrano por ser “el que iba ganando” y la alusión de Joan de que era farsante Sabina. Algo personal, Y sin embargo, La orquesta del Titanic, fueron temas que anticiparon lo que se vendría. Y eso no era menos que 32 temas y tres horas reloj de show.
Luego de la historia de la Orquesta del Titanic contada en un video y con risas de por medio, se le escucha a Joaquín: “Este es el momento que esperábamos, al fin solos”. Y continuó: “ni en mis mas locos sueños hubiera imaginado estar en Córdoba con mi maestro”.
“Amante como soy del melodrama, errante como voy de la rutina, busco mi redención en la Argentina, con mi pasión y con su Pachamama”, fue lo previo a 19 días y 500 noches. Luego consideró que Serrat es Maradona pero él también, el es Lalo
Maradona. Que no tienen sexo porque Joan no quiere, que en los subtes tocaba temas de Serrat y entonces cantó De cartón piedra.
Siguieron temas como Eclipse de mar, Mediterráneo, Maldito Blues, Señora, Princesa, Cuenta conmigo, Martínez, No hago otra cosa que pensar en ti. En medio de chistes, de buenos momentos y risas. Es un recital de dos amigos que cantan en el living de la casa y se nota y se transmite.
La del pirata cojo, fue la primera de una serie de temas que ya se ganaron su lugar en el repertorio popular. Contigo, hermoso tema si los hay, fue entonado en un mar de celulares a pedido de ellos dos, para cantar “No quiero Córdoba sin ti”. Hoy por ti, mañana por mi, Esos locos bajitos, Joven y viejo, Para la libertad, Esta noche contigo, Cantares, Aquellas pequeñas cosas, Noches de Boda, fueron parte de los últimos temas. Cada uno con una letra que lleva, que deja volar, que permite viajar junto a estos dos locos. De las palabras, de la buena música.
Antes del final, los dos improvisaron una especie de payada donde nombraron las cosas cordobesas: un saludo que desde la B le manda al Pirata River Plate. O “fulera pero no acaba, insensatos gambeteos, por la noche en el Orfeo, por el día en La Cañada” Finalizaron con la estrofa: “A nada le tengo miedo, pensara esa buena gente que nos odiamos con creces, mucho ruido y pocas nueces cargamos en el arnés, cachondos nos reímos de los celos, somos un par de gallegos de corazón cordobés. Para la ovación de las ovaciones.
Fiesta fue el fin cerca de la una de la mañana. Tres horas después del inicio. Antes de ese tema Algunas veces vivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo, decían en Que se llama soledad. Y esa soledad era la que comenzaba a adueñarse de nosotros. Los que le pedíamos más, y lo que no entendemos como después de tres horas, nos quedaríamos unas diez, unas veinte, unas cien ahí con ellos. Ellos que se van como una pareja y donde nosotros somos sus hijos. Que no sabemos elegir entre el padre y la madre. Que los queremos a los dos por igual, que estamos ahí para decirles lo que sentimos. Por más que no lo podamos explicar. Que no encontremos las palabras para tanto. Y tanto y mucho es y fue Sabina. Y muchísimo es Serrat y viceversa. Unidores de generaciones y de oídos para la buena música, se despidieron con todos de pie. Riéndose, sabiendo que nos regalaron una gran noche y que nos dejaron más enamorados que antes. Con más pájaros en la cabeza. Con más vida, porque si es como dijeron tiempo atrás que “la música es la mejor manera de vivir”, nos dieron un poco más de vida.
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